El expresidente socialista pasa las horas reunido con su defensa jurídica mientras el magistrado José Luis Calama estrecha el cerco sobre el entramado societario que presuntamente canalizó fondos de la aerolínea rescatada.
MADRID — Agentes adscritos a la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional se personaron en el domicilio del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero para entregarle en mano el auto de imputación emitido por el magistrado de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, quien lo incardina en la cúspide de una supuesta red dedicada de manera estable al tráfico de influencias.
En el centro gravitatorio de este terremoto político y judicial se sitúa la figura del empresario madrileño Julio Martínez Martínez. Para los investigadores de la causa, las decisiones operativas, procesales y de cooperación institucional que adopte Martínez en las próximas semanas operarán como el verdadero catalizador que defina la suerte penal de Zapatero. El titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 sostiene la tesis de que el empresario ejercía en la práctica como testaferro del exmandatario, sirviendo de nexo indispensable en una «estructura estable y jerarquizada».
La red bajo sospecha tenía como supuesta finalidad la obtención de ingentes beneficios económicos ilícitos a través de la intermediación ante instancias públicas en favor de terceros. El foco principal se sitúa sobre la aerolínea Plus Ultra, que fue beneficiaria de un polémico rescate estatal multimillonario por parte del Gobierno durante la crisis sanitaria de la pandemia.
El entramado societario y las operaciones en el extranjero
De acuerdo con el auto del juez Calama, Julio Martínez desempeñaba un papel de ejecución directa a las órdenes de Rodríguez Zapatero, administrando un complejo esquema que llegó a sumar cerca de una quincena de sociedades de consultoría, servicios estratégicos y gestión patrimonial, la mayoría activadas o reestructuradas de forma coincidente tras el rescate aéreo.
La instrucción apunta a que el empresario habría recibido instrucciones precisas para constituir una sociedad instrumental en Dubái con el presunto objetivo de canalizar comisiones equivalentes al 1% de la inyección pública inyectada a Plus Ultra. Además, el rastreo policial detecta indicios de ocultación a través de un entramado de sociedades offshore, transferencias bajo sospecha a las cuentas de las hijas de Zapatero, adquisiciones patrimoniales y cancelaciones anticipadas de préstamos hipotecarios.
El precedente en el Senado y el horizonte penal
Este escenario judicial ya tuvo un complejo preludio político el pasado mes de abril, cuando Julio Martínez compareció ante la comisión de investigación del Senado. En aquella sesión parlamentaria, el empresario intentó levantar un cortafuegos para amparar al expresidente, calificándolo simplemente como «un amigo» y alguien para quien había prestado «servicios profesionales legítimos». No obstante, la oposición se amparó en los silencios del compareciente para extraer conclusiones punitivas.
A pesar de la gravedad institucional y política de las imputaciones, fuentes jurídicas consultadas señalan que es altamente improbable que el magistrado Calama proceda a ordenar medidas cautelares privativas de libertad como la prisión provisional. Los analistas del caso coinciden en que no concurren los requisitos estrictos de riesgo flagrante de fuga, reiteración delictiva o destrucción de pruebas, dado el avanzado estado de los registros de documentación mercantil ya intervenidos. Sin embargo, todo el andamiaje y la solidez de la defensa del expresidente quedarán condicionados al blindaje o la eventual ruptura de la estrategia jurídica elegida por Julio Martínez.















