Una operación conjunta de los Mossos d’Esquadra, la Ertzaintza y la Guardia Civil ha permitido detener en Gipuzkoa a un menor de 17 años considerado presuntamente uno de los integrantes más activos de la red extremista 764 en España. El joven está relacionado con amenazas contra centros educativos, instituciones y distintas personas, además de con actividades de captación y manipulación de menores a través de internet.
El detenido fue puesto a disposición judicial y permanece sometido a una medida preventiva de internamiento en un centro especializado.
Según la información policial, el menor estaría considerado el principal referente en España de esta organización transnacional, que desarrolla gran parte de su actividad mediante plataformas digitales y busca influir sobre jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Amenazas contra colegios e instituciones públicas
Al joven se le atribuye presuntamente el envío de numerosas amenazas dirigidas contra centros educativos, ayuntamientos, bibliotecas, asociaciones sociales, organismos públicos y personalidades.
En sus mensajes anunciaba posibles acciones violentas que finalmente no llegaron a ejecutarse. No obstante, las amenazas provocaron alarma social y obligaron a las autoridades a desplegar dispositivos extraordinarios de seguridad.
En algunos casos, el menor habría asegurado que retransmitiría en directo los asesinatos que afirmaba tener intención de cometer para que otros miembros de la organización pudieran presenciarlos a través de internet.
Entre los objetivos investigados se encuentran también un conocido centro de ocio y tiempo libre y varias personas concretas.
Una red investigada por delitos graves
La organización 764 ha sido investigada en distintos países por su presunta vinculación con delitos como la sextorsión, el acoso coordinado y la distribución de material de explotación sexual infantil.
También se le relaciona con la inducción a las autolesiones, la difusión de contenidos de violencia extrema, el maltrato animal y campañas de amenazas contra instituciones, entidades sociales y particulares.
Las investigaciones apuntan a que el detenido mantenía contacto con espacios digitales en los que se promovían dinámicas de manipulación psicológica, humillación y sometimiento de menores y jóvenes vulnerables.
En esos entornos se fomentaban conductas degradantes y autolesiones. Posteriormente, las imágenes podían difundirse dentro de la comunidad virtual como una forma de presión, control y dominio sobre las víctimas.
Swatting, doxing y suplantación de identidad
La operación también permitió detectar el uso de técnicas como el swatting, el doxing y la suplantación de identidad.
Estas prácticas consistían presuntamente en señalar de forma falsa a personas inocentes para provocar intervenciones policiales, generar situaciones de riesgo y desviar la atención de los investigadores.
Como consecuencia de estas acciones, al menos dos personas, una residente en el País Vasco y otra en Cataluña, habrían sido víctimas de campañas de hostigamiento relacionadas con los hechos investigados.
La investigación continúa centrada en determinar el alcance de las actividades del menor, sus contactos internacionales y la posible existencia de otras personas vinculadas a la estructura digital de la organización.


















