CEUTA. La saturación del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) tras la llegada de más de un millar de personas en las últimas semanas ha transformado la playa del Trampolín en un campamento improvisado. En medio de esta situación de precariedad y a la espera de ser trasladados o realojados, los cientos de migrantes concentrados en el litoral ceutí han puesto en marcha una red informal de apoyo mutuo e trueque que funciona como un pequeño mercadillo costero.
Autogestión frente a la escasez
Sobre mantas extendidas en la arena y estructuras de fortuna creadas con cañas y plásticos, los migrantes —en su mayoría de origen subsahariano y sudanés— intercambian ropa seca, calzado, cargadores de teléfono, utensilios básicos de aseo y raciones de alimentos repartidas por ONGs como Cruz Roja. El dinero apenas circula; el sistema se rige principalmente por la necesidad inmediata y la cooperación entre grupos.
Además de este espacio de intercambio, los acampados han organizado turnos internos de limpieza y mantenimiento para mantener la salubridad de la playa, reivindicando con ello su intención de convivir cívicamente mientras se resuelve su estatus administrativo.
Respuestas institucionales y tensión en la zona
La imagen de este pequeño rastro improvisado refleja la cronificación de la estancia en El Trampolín. Tanto el Gobierno de la Ciudad Autónoma como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mantienen un despliegue constante en las inmediaciones para prestar asistencia humanitaria y controlar la seguridad. Por su parte, colectivos sociales insisten en la urgencia de agilizar los traslados a la península para evitar que el campamento costero se consolide como un asentamiento permanente.












