La alergología actual avanza hacia un enfoque molecular, pero persisten creencias erróneas que pueden poner en riesgo la salud de los pacientes
En la última década, la prevalencia de las alergias alimentarias se ha duplicado en las sociedades occidentales, convirtiéndose en un problema de salud pública de primer orden. La farmacéutica Amapola Munuera, experta en el Imperial College de Londres, advierte de que el desconocimiento sobre esta «enfermedad de riesgo vital» puede ser fatal. A continuación, desglosamos los seis mitos más extendidos que debemos desterrar.
Los 6 mitos que debemos olvidar
«Alergia e intolerancia alimentaria son lo mismo»
Falso. La intolerancia es una afección digestiva (como no poder procesar la lactosa) que causa malestar intestinal. La alergia, en cambio, es una reacción del sistema inmunitario ante una sustancia inocua, que puede desencadenar una inflamación súbita, severa y potencialmente mortal en cuestión de minutos.
«La severidad de la reacción es siempre la misma»
Falso. El grado de reacción es impredecible. Haber tenido una reacción leve en el pasado no garantiza que la siguiente no sea una anafilaxia grave. Cada contacto con el alérgeno conlleva un riesgo latente.
«Solo producen reacción al comer el alimento»
Falso. Aunque la ingesta es la vía más peligrosa por la cantidad de alérgeno, una persona alérgica puede reaccionar también por contacto cutáneo o inhalación.
«La celiaquía es una alergia al gluten»
Falso. La celiaquía es una patología autoinmune crónica que ataca el revestimiento del intestino de forma gradual tras la ingesta continuada. Por el contrario, la alergia al trigo o a un cereal con gluten provoca una reacción inmunológica inmediata tras el contacto.
«El desarrollo de alergias no se puede evitar»
Falso. La ciencia actual apunta a la prevención. El momento, la periodicidad y la forma de introducir los alimentos en la dieta de los bebés —cuyo sistema inmunológico es inmaduro— son determinantes para evitar la sensibilización. El tratamiento precoz preventivo es hoy una de las claves de la alergología moderna.
«No es una enfermedad grave»
Falso. Es una enfermedad de riesgo vital. Se estima que un tercio de las reacciones graves de anafilaxia están causadas por alimentos, con una tasa de letalidad que puede llegar al 2%. Vivir con una alergia implica no solo la exclusión estricta del alimento (incluso en forma de trazas), sino también la carga psicológica de portar siempre una medicación de rescate.
Un estilo de vida condicionado
Vivir con una alergia alimentaria es, en palabras de Munuera, vivir con una «espada de Damocles». Más allá de la dieta estricta, el estigma social y las consecuencias psicológicas tanto para el paciente como para sus cuidadores son una realidad que requiere de un entendimiento profundo y un respeto estricto por parte del entorno.



















