Un artículo publicado en 1960 en la revista Science situó el llamado “Día del Juicio Final” el 13 de noviembre de 2026 al extrapolar el crecimiento de la población mundial. La fecha se acerca, pero aquella predicción era una singularidad matemática y no un pronóstico real del final de la humanidad.
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El próximo 13 de noviembre de 2026 llegará una fecha que hace más de seis décadas quedó asociada a una singular predicción científica sobre el crecimiento de la población mundial.
En 1960, el físico austríaco Heinz von Foerster y su equipo publicaron en la revista Science un estudio en el que analizaron la evolución demográfica durante parte del siglo XX. Los investigadores observaron que la población estaba creciendo cada vez más deprisa siguiendo una trayectoria hiperbólica.
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Al prolongar matemáticamente esa tendencia hacia el futuro, el modelo situaba el 13 de noviembre de 2026 como el momento en el que la población mundial se volvería teóricamente infinita. Los autores denominaron aquella fecha “Día del Juicio Final”.
La predicción no significaba que los investigadores esperasen literalmente el fin del mundo. Se trataba de una consecuencia matemática de mantener indefinidamente una tendencia observada durante un periodo determinado.
El modelo funcionaba razonablemente bien para explicar una etapa del siglo XX en la que la mortalidad disminuyó con rapidez gracias a las mejoras en alimentación, higiene, saneamiento, vacunas, antibióticos y atención médica, mientras las familias continuaban teniendo numerosos hijos.
Sin embargo, a mediados de los años sesenta comenzó a reducirse la tasa de crecimiento de la población mundial. La población siguió aumentando, pero a un ritmo cada vez menor, invalidando la extrapolación realizada anteriormente.
Javier Birchenall, profesor de Economía de la Universidad de California Santa Bárbara, ha recuperado ahora aquel trabajo en Science para destacar una de sus principales enseñanzas: una tendencia histórica no debe confundirse con una ley permanente.
El investigador aplica el mismo razonamiento a las actuales preocupaciones por la baja natalidad y la despoblación. Como ejemplo, señala que si la pérdida anual de población de Japón del 0,77% se mantuviera indefinidamente y se aplicara a todo el planeta, se podría calcular matemáticamente que la Tierra quedaría deshabitada en el año 3108.
Birchenall considera que esta cautela también debe aplicarse a otras predicciones, como las relacionadas con el progreso tecnológico y la inteligencia artificial. Las tendencias actuales pueden ser relevantes sin que necesariamente continúen acelerándose indefinidamente.




