El Pleno de la Sala de lo Contencioso, formado por 34 magistrados, determinará si terceros ajenos al proceso tienen «interés legítimo» para recurrir. La decisión llega tras el fallecimiento de Noelia Castillo y un caso paralelo que ha enfrentado a la Generalitat con los tribunales catalanes.
El Tribunal Supremo se prepara para resolver uno de los vacíos legales más polémicos de la Ley Orgánica Reguladora de la Eutanasia (LORE). El próximo mes de mayo, el Alto Tribunal fijará jurisprudencia sobre si un familiar —en este caso, un padre— está legitimado para intervenir en los tribunales con el fin de paralizar la muerte asistida de un hijo mayor de edad y con plenas capacidades.
El caso que marca el precedente
Aunque el nombre de Noelia Castillo (quien falleció este jueves tras año y medio de bloqueo judicial) ha centrado el foco mediático, la doctrina se fijará a raíz de un caso paralelo:
- El paciente: Un hombre de 54 años con graves secuelas tras tres ictus y dos infartos.
- El conflicto: El paciente vivía solo, no tenía relación con su padre y pidió expresamente que no se informara a su familia. Sin embargo, su progenitor recurrió el visto bueno de la Comisión de Garantía alegando «vulnerabilidad» y «problemas de salud mental», argumentos que un juzgado de Barcelona desestimó al confirmar que el hombre era plenamente capaz.
El giro jurídico: La Generalitat contra el TSJC
La clave de este proceso no está en el recurso del padre, sino en el de la Generalitat de Cataluña. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) había reconocido al padre el «interés legítimo» para litigar. La Generalitat ha recurrido esta visión ante el Supremo alegando que:
- La Ley es clara: La LORE no contempla que terceros puedan recurrir la concesión de la prestación.
- Privacidad y autonomía: Reconocer esta legitimación podría vulnerar el derecho del paciente a decidir sobre su propia vida sin interferencias familiares.
Una sentencia de «efectos expansivos»
Fuentes jurídicas advierten que la decisión del Pleno tendrá una «vía expansiva». Si el Supremo avala la legitimación de los padres, se abriría la puerta a que cualquier proceso de eutanasia pudiera ser judicializado y paralizado por familiares, incluso contra la voluntad expresa del paciente capaz.
El Supremo admite que es necesario evaluar el asunto debido a la «reciente vigencia de la ley» y a que los derechos fundamentales en juego (derecho a la vida frente a la autonomía de la voluntad) requieren una interpretación uniforme para todo el Estado.
Situación actual: Mientras el Supremo delibera, el caso de Noelia Castillo ha finalizado con su fallecimiento tras recibir la eutanasia ayer en Sant Pere de Ribes, cerrando un periplo judicial que ha evidenciado la urgencia de esta doctrina.


















