BARCELONA.— Aunque todavía es una incógnita cuándo decidirá Pedro Sánchez convocar las próximas elecciones generales, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha decidido adelantarse y activar toda su maquinaria interna. Lo hace, además, cortando de raíz las aspiraciones de su portavoz en el Congreso, Gabriel Rufián, quien pretendía pilotar y tener un control directo sobre el diseño de la candidatura en Madrid.
La dirección del partido aprobó el pasado sábado el reglamento interno que regirá la confección de las listas electorales. El movimiento de la ejecutiva llega en pleno pulso político con Rufián y supone un claro mensaje de autoridad. El reglamento ratificado introduce modificaciones en los requisitos exigidos para los perfiles independientes y consolida el control de la estructura del partido por encima de personalismos, frenando la pretensión del portavoz de configurar un equipo a su medida.
Este choque orgánico no es nuevo, sino que corona semanas de alta tensión entre el diputado y la cúpula republicana. A mediados de mayo, Rufián llegó a ofrecerse públicamente para encabezar un nuevo «frente de izquierdas» en las generales, una estrategia de alianzas que no contaba con el visto bueno de la dirección de ERC. El desafío fue de tal magnitud que sectores críticos internos —como el Col·lectiu Primer d’Octubre— llegaron a exigir formalmente la suspensión cautelar de Rufián como portavoz en Madrid por considerar que su «cruzada» unilateral vulneraba los estatutos de la formación. En su momento, Rufián replicó asegurando que no se marcharía del partido «hasta que le echen».
Pese a este férreo freno orgánico a sus exigencias de control, la dirección de ERC busca mantener un equilibrio para evitar una ruptura traumática en la antesala de los comicios. La portavoz de la formación, Elisenda Alamany, ha rebajado la tensión en rueda de prensa asegurando que el partido sigue confiando en Rufián para que encabece el cartel electoral, definiéndolo públicamente como uno de sus «mejores activos» de cara a la cita con las urnas.
Con este movimiento, ERC intenta estabilizar sus filas e imponer la disciplina de partido frente a las dinámicas de su grupo parlamentario en Madrid, dejando claro que el diseño de las listas del futuro Congreso de los Diputados se decidirá de manera colegiada y bajo los estrictos filtros de la organización en Barcelona.















