Irán cumple este jueves dos semanas desconectado de internet global, sumiendo al país en una inédita incomunicación que afecta tanto a la vida cotidiana de los ciudadanos como a la economía local. Desde el 8 de enero, los iraníes solo tienen acceso a una red interna limitada a servicios locales y medios estatales, mientras persiste la incertidumbre sobre cuándo se restablecerá la conexión internacional.
Las protestas que provocaron esta medida comenzaron a finales de diciembre por comerciantes de Teherán afectados por la caída del rial, y rápidamente se extendieron por todo el país pidiendo el fin de la República Islámica. El auge de las manifestaciones se produjo entre el 8 y el 9 de enero, cuando la represión estatal dejó un saldo oficial de 3.117 muertos, aunque organizaciones de derechos humanos internacionales elevan la cifra hasta 4.519.
La desconexión ha trastocado la vida diaria de muchos iraníes. Barbod, un comerciante de Teherán de 39 años, relata que dependía de Instagram y WhatsApp para vender café molido y comunicarse. “Antes del corte, mis ventas eran de 100 dólares al día. Dos semanas sin internet me han costado 1.400 dólares”, afirma. Además, asegura que el impacto ha sido “anímico” y teme por el futuro de su negocio.
No es un caso aislado. Un café popular del norte de Teherán ha registrado un fuerte descenso en pedidos online, ya que aunque existen aplicaciones locales, los fallos en los sistemas de pago y la falta de conectividad han desanimado a los clientes. Según reportes de medios estatales como IRNA, numerosos negocios se encuentran “al borde de la parálisis” debido a la interrupción de cadenas de suministro y comunicaciones con el exterior.
El Gobierno reconoce la interrupción, pero minimiza su impacto económico y asegura que algunas grandes empresas mantienen acceso limitado mediante direcciones IP fijas. Sin embargo, no hay claridad sobre cuándo volverá la red global. Aunque se prometió restaurarla antes del viernes pasado, el viceministro de Interior, Ali Akbar Pourjamshidian, señaló recientemente que “no está claro cuándo se restablecerá el acceso”.
El apagón también afecta al sistema de posicionamiento GPS, dificultando la movilidad en ciudades como Teherán, donde los taxistas y ciudadanos dependen de aplicaciones de mapas locales. “He perdido carreras porque no puedo llegar a los lugares”, relata un conductor que recorre una metrópoli de 13 millones de habitantes.
Expertos de NetBlocks, grupo que monitorea internet, señalan que Irán podría estar experimentando con “una intranet más altamente filtrada” basada en listas blancas, mientras la población espera, sin respuestas, la reconexión a la red global.


















