La relación entre Estados Unidos y sus principales aliados europeos ha entrado en una fase de tensión sin precedentes tras las últimas decisiones y declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, que Bruselas considera una escalada inaceptable en la diplomacia transatlántica.
En los últimos días, altos diplomáticos de varios países europeos han expresado su alarma ante las presiones abiertas de Trump para hacerse con Groenlandia, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca. Para las capitales comunitarias, este impulso por controlar la isla ha «cruzado un límite» y ha generado una sensación de que la política estadounidense está fuera de control, con actos y palabras que no respetan la soberanía de aliados tradicionales.
Gran parte de la controversia se intensificó después de que Trump amenazara con imponer aranceles de hasta el 25 % a varios países europeos —entre ellos Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia, Países Bajos y el Reino Unido— si no aceptaban sus planes para Groenlandia. Según la Casa Blanca, estas medidas formarían parte de su estrategia para “proteger la seguridad nacional de Estados Unidos”.
La respuesta europea ha sido contundente. Bruselas ha advertido que responderá con todos sus instrumentos disponibles, incluida la activación de aranceles y del llamado Instrumento contra la Coerción Económica, diseñado para proteger al bloque ante presiones externas. Alemania, Francia y otros Estados han subrayado que no permitirán que se utilice el chantaje económico para coartar sus decisiones soberanas.
Además, una carta enviada por Trump al primer ministro de Noruega que vinculaba su agresiva postura sobre Groenlandia con el hecho de no haber recibido el Premio Nobel de la Paz desató una ola de críticas diplomáticas y desconcierto. El mensaje sugirió que, al no obtener ese galardón, el presidente estadounidense ya “no sentía la obligación de pensar exclusivamente en la paz”, algo que ha reforzado la percepción de una administración cada vez más impredecible.
Las tensiones también se han dejado sentir en Groenlandia, donde miles de personas han salido a las calles proclamando que “Groenlandia no está en venta” y rechazando cualquier intento de interferencia externa en su futuro.
La polarización entre Washington y Bruselas será uno de los temas centrales en el Foro Económico Mundial de Davos, donde tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como Trump tienen previsto intervenir esta semana. Más tarde, los líderes de la Unión Europea celebrarán un Consejo extraordinario para analizar la situación y estudiar posibles pasos adicionales ante lo que muchos diplomáticos describen como la mayor crisis transatlántica en décadas.




















