Islamabad justifica el ataque como una respuesta «antiterrorista» a la reciente ola de atentados en su territorio. El Gobierno talibán denuncia la muerte de 11 menores y advierte de una respuesta «adecuada y calculada» ante la violación de su soberanía.
La tensión entre Pakistán y Afganistán ha alcanzado un nuevo punto crítico tras el bombardeo ejecutado por la aviación paquistaní en la madrugada de este domingo. Según el balance oficial ofrecido por las autoridades de Nangarhar, el ataque ha dejado al menos 17 civiles muertos, entre los que se encuentran once niños.
Impacto en zonas residenciales
Los bombardeos se centraron en el distrito de Behsood, en la provincia oriental de Nangarhar. Según informó a EFE Quraishi Badloon, jefe de Información regional, las bombas alcanzaron viviendas particulares y una madrasa (escuela coránica).
La situación en el terreno es dramática: las tareas de rescate se están viendo gravemente dificultadas por la falta de maquinaria pesada, lo que impide a los equipos de emergencia remover los escombros para localizar a posibles supervivientes o recuperar los cuerpos de las víctimas.
La postura de Pakistán: «Ataques selectivos de precisión»
Por su parte, el Ministerio de Información de Pakistán ha confirmado la autoría de la operación, describiéndola como una «respuesta retributiva» tras los últimos atentados suicidas sufridos en suelo paquistaní. Islamabad asegura haber atacado con «precisión y exactitud» siete campamentos pertenecientes a:
- TTP (Talibanes paquistaníes).
- ISKP (Estado Islámico de Jorasán) y sus afiliados.
Aunque Pakistán sostiene que los objetivos eran «escondites terroristas», el comunicado oficial no ha ofrecido datos sobre coordenadas exactas ni un balance de bajas entre los insurgentes, contrastando con el reporte de víctimas civiles del lado afgano.
Escalada de tensión fronteriza
Este incidente se suma a un historial de desconfianza mutua. Pakistán acusa regularmente al Gobierno talibán de permitir que el TTP encuentre refugio en Afganistán para lanzar ataques en las provincias de Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán, una acusación que Kabul niega sistemáticamente.
El Ministerio de Defensa afgano ha calificado el ataque como una vulneración flagrante de la soberanía nacional. La advertencia de una respuesta «calculada» por parte de Kabul hace temer una nueva escalada bélica en una frontera que ya registró intercambios de fuego mortales en octubre pasado.




















