Un solitario gol del delantero brasileño y un penalti parado por Batalla certifican el pase de los franjirrojos. El Crystal Palace será el rival en la final de la Conference el 27 de mayo en Leipzig.
Sin miedo. No hay otra forma de explicar lo que ha logrado el Rayo Vallecano en sus 102 años de historia. El equipo más quijotesco de Europa se plantó en Francia para fulminar al Estrasburgo, uno de los «cocos» de la competición, con una mezcla de fútbol, corazón y esa bendita locura que hace olvidar las limitaciones. El 0-1 definitivo es ya parte de la leyenda del barrio.
Un zarpazo para la eternidad
El partido no empezó fácil. La baja de última hora de Ilias por lesión en el calentamiento obligó a reajustar piezas, pero este Rayo tiene «callo» en plazas difíciles. Tras una primera media hora de asedio vallecano, donde Penders sostuvo a los locales con paradas imposibles a Isi y Ratiu, llegó el momento de gloria.
En el minuto 30, Lejeune soltó un latigazo que el portero belga no pudo retener; ahí apareció Alemão, vestido de ‘killer’, para cazar el rechace y mandar el balón al fondo de la red. Los gritos de los más de 2.000 rayistas presentes en las gradas se escucharon hasta en Madrid.
Batalla detuvo el último aliento francés
Aunque el Rayo fue superior en juego (firmando 15 disparos en la primera mitad), el Estrasburgo apretó por orgullo en el tramo final. Fue entonces cuando emergió la figura de Augusto Batalla. El guardameta argentino no solo mantuvo la calma en los momentos críticos, sino que puso el sello a la clasificación al detener un penalti a Enciso y el posterior rechace a Doukoure.
La entrada de Álvaro García, ya recuperado de su lesión, terminó de dar la pausa necesaria a un equipo que supo sufrir y disfrutar a partes iguales.
Destino: Leipzig
El pitido final desató unas lágrimas que, por fin en Vallecas, eran de absoluta felicidad. El sueño es real y tiene fecha y lugar:
- Final: UEFA Conference League
- Rival: Crystal Palace
- Fecha: 27 de mayo de 2026
- Sede: Leipzig (Alemania)
El «matagigantes» tendrá su último baile, el más dulce de su vida. De nuevo David contra Goliat; de nuevo el Rayo contra el mundo. Mientras llega la cita, el barrio celebra: la felicidad puede ser efímera, pero lo logrado hoy en Estrasburgo será eterno.











