La observación por satélite ha registrado olas de hasta 20 metros de altura, equivalentes al tamaño del Arco del Triunfo, un fenómeno que revela la enorme energía que se mueve bajo la superficie de los océanos y que vuelve a poner el foco en la fuerza, aún poco comprendida, de las mareas oceánicas.
Los datos recogidos por sistemas de observación espacial han confirmado la presencia de olas gigantes en mar abierto, con alturas cercanas a los 20 metros, muy por encima de lo habitual. Estas formaciones extremas no siempre están asociadas a tormentas visibles, lo que las convierte en un riesgo silencioso para la navegación y las infraestructuras marítimas.
Según los científicos, estas olas se generan por la interacción entre corrientes oceánicas profundas, mareas intensas y la dinámica del fondo marino. En determinadas zonas del planeta, la energía acumulada se libera de forma repentina, dando lugar a muros de agua capaces de poner en peligro a grandes buques.
El uso de satélites ha sido clave para detectar estos fenómenos, ya que permiten medir con precisión la altura del oleaje en áreas remotas del océano, donde no existen boyas ni observación directa. Gracias a esta tecnología, los investigadores pueden ahora mapear zonas de alto riesgo y comprender mejor cómo se distribuye la energía en los mares.
Este descubrimiento también abre un debate sobre el impacto del cambio climático. El aumento de la temperatura del agua, la alteración de las corrientes marinas y el deshielo polar podrían estar influyendo en la frecuencia y la intensidad de estos eventos extremos, haciendo que las olas gigantes sean cada vez menos excepcionales.
Más allá del riesgo, los expertos subrayan que estas observaciones son una oportunidad científica: entender el comportamiento de las mareas y del oleaje extremo puede mejorar los sistemas de alerta temprana, optimizar rutas marítimas y reforzar la seguridad de plataformas petrolíferas, cables submarinos y parques eólicos marinos.
Claves del hallazgo
- Olas de hasta 20 metros, equivalentes a edificios de varios pisos.
- Detectadas gracias a tecnología satelital avanzada.
- No siempre asociadas a tormentas visibles.
- Riesgo real para navegación, infraestructuras y seguridad marítima.
- Posible relación con cambios en el clima y en las corrientes oceánicas.
El registro de olas gigantes por satélite demuestra que los océanos esconden fuerzas mucho más poderosas de lo que se percibe desde la costa. Este “latido invisible” del mar recuerda que, pese a los avances tecnológicos, la naturaleza sigue marcando sus propias reglas. Comprender estos fenómenos será clave para anticipar riesgos, proteger vidas y adaptarse a un planeta en constante cambio.















