Expertos en bioseguridad y epidemiólogos lanzan una seria advertencia ante la creciente evidencia de que accidentes en instalaciones científicas de todo el mundo están exponiendo el riesgo “catastrófico” de fugas de patógenos altamente peligrosos, un fenómeno que podría desencadenar emergencias sanitarias de magnitud global.
Según una investigación publicada recientemente, al menos 435 incidentes relacionados con la manipulación de agentes infecciosos se han documentado en los últimos 50 años, aunque los científicos aseguran que este número es solo la punta del iceberg debido a la opacidad en la notificación de este tipo de sucesos.
El estudio destaca que incluso laboratorios de alta bioseguridad —niveles 3 y 4, diseñados para trabajar con agentes extremadamente peligrosos— no están exentos de fallos humanos o técnicos. Casos anteriores, como la fuga del virus de la fiebre aftosa en Inglaterra en 2007 o incidentes con virus como el del ébola y la gripe altamente patógena H5N1, han demostrado que fallos logísticos o humanos pueden tener consecuencias de gran alcance.
La inquietud surge en un contexto en el que las instalaciones de investigación proliferan en todo el mundo, y no existe un sistema internacional centralizado y transparente para reportar y evaluar los accidentes en laboratorios con agentes biológicos peligrosos. Científicos que participaron en el análisis subrayan que la falta de datos confiables y la inconsistencia en los mecanismos de reporte hacen que el verdadero riesgo sea difícil de cuantificar, pero probablemente mayor de lo que se reconoce oficialmente.
Este debate llega a España en un momento sensible. Recientemente, las autoridades han investigado la posible fuga del virus de la peste porcina africana desde un laboratorio en Bellaterra, lo que ha llevado a registros y auditorías en varias instalaciones que trabajan con ese patógeno. Aunque aún no hay conclusiones firmes, el caso ha reabierto el escrutinio sobre la seguridad de los centros de investigación que manipulan agentes infecciosos.
Especialistas internacionales insisten en que el avance de la ciencia y el uso de tecnologías como la biología sintética requieren marcos regulatorios más estrictos y una mayor transparencia, además de inversiones en sistemas de vigilancia y respuesta ante emergencias biológicas. Sin estos elementos, advierten, el mundo podría enfrentar eventos de fuga que, aunque poco probables individualmente, tendrían consecuencias devastadoras si ocurrieran.

















