Tensión máxima en el sector conservero español. El régimen de Mohamed VI ha anunciado un veto comercial a la exportación de sardina, que entrará en vigor el próximo 1 de febrero, con el objetivo de blindar el suministro de su propia industria transformadora y evitar una escalada de precios interna ante la escasez del recurso y la proximidad del Ramadán.
Sin embargo, esta medida de «protección del recurso» contrasta con el reciente movimiento de Rabat: permitir que los grandes barcos rusos faenen en sus aguas para capturar esa misma sardina y otros pelágicos.
Impacto directo en Galicia y España
La industria procesadora de la Unión Europea, y muy especialmente la gallega, se enfrenta a una posible rotura de stock. Los datos reflejan la dependencia del sector respecto al caladero marroquí:
- Importaciones: Solo entre enero y octubre del año pasado, Galicia importó 3.448 toneladas de sardina (4,6 millones de euros), mientras que el conjunto de España alcanzó las 27.400 toneladas.
- Competencia desleal: Mientras Marruecos cierra el grifo de la materia prima a las fábricas españolas, sus latas de conservas terminadas siguen inundando el mercado europeo (17.538 toneladas en 2025), compitiendo directamente con la producción nacional.
El «desembarco» ruso en aguas africanas
En medio de esta crisis de sostenibilidad, la Agencia Federal de Pesca de Rusia (Rosrybolovstvo) ha lanzado una convocatoria para que su flota obtenga cuotas de captura en la costa africana.
- Fechas clave: Los barcos rusos podrán presentar sus solicitudes del 12 al 30 de enero.
- Especies afectadas: El acuerdo bilateral no solo incluye la sardina, sino también otros pelágicos estratégicos como la caballa, la anchoa y el jurel.
- Críticas del sector: La Unión Nacional de Industrias Conserveras de Pesca (Unicop) ya había solicitado periodos de descanso biológico para garantizar el futuro de la especie, una recomendación que parece haber sido ignorada por Rabat al facilitar el acceso a la flota de Moscú.
Claves del conflicto
La decisión de la secretaria de Estado de Pesca de Marruecos, Zakia Driouich, de priorizar el consumo interno y su industria transformadora pone en jaque miles de empleos en la conserva española, que ve cómo el acceso a la materia prima se convierte en una herramienta de presión geopolítica y comercial.




















