La espera por Grand Theft Auto VI se está haciendo larga para millones de jugadores, con el 19 de noviembre de 2026 marcado en rojo en el calendario. Sin embargo, para Anthony Armstrong y su familia, esa fecha representa algo más que la llegada de uno de los videojuegos más esperados de la década: podría llegar demasiado tarde.
El pasado mes de diciembre, Armstrong, desarrollador en Ubisoft Toronto, publicó un mensaje en su perfil de LinkedIn —ya eliminado— en el que hacía un llamamiento directo a Rockstar Games. En él explicaba que un familiar suyo, gran fan de la saga GTA, llevaba años luchando contra el cáncer y había recibido recientemente un diagnóstico devastador: le quedaban entre seis y doce meses de vida.
Ante la posibilidad de que no llegara a ver el lanzamiento de GTA 6, Armstrong pidió ayuda a cualquier contacto dentro de Rockstar para organizar una prueba anticipada del juego. En su mensaje, apelaba tanto a la cercanía geográfica del familiar con el estudio de Oakville como a su disposición a firmar acuerdos de confidencialidad si fuera necesario.
Aunque la publicación original fue retirada de LinkedIn, el medio Insider Gaming recogió las actualizaciones posteriores compartidas por Armstrong. En la primera, aseguraba que “el CEO de Take-Two se puso en contacto con nosotros”. Más adelante, publicó un último mensaje en el que afirmaba: “Hablamos con ellos hoy y nos han dado grandes noticias. Es todo lo que puedo decir, pero gracias a todos desde el fondo de mi corazón”.
Si bien no existe una confirmación oficial por parte de Rockstar Games de que el familiar de Armstrong haya podido jugar o ver GTA 6 antes de su lanzamiento, el tono del mensaje apunta claramente a un desenlace positivo. De ser así, se trataría de un nuevo gesto de humanidad por parte de una gran compañía del videojuego.
No sería, además, un caso aislado. En 2018, Rockstar permitió que un fan con enfermedad terminal pudiera jugar a Red Dead Redemption 2 antes de su estreno oficial, demostrando que, incluso en una industria marcada por el secretismo y las grandes expectativas, todavía hay espacio para la empatía y los pequeños grandes gestos.




















