La formación de Santiago Abascal logra su mejor marca histórica en una autonomía con el 18,9% de los votos, aunque el mayor crecimiento del PP y las tensiones internas empañan la lectura de «éxito» de la dirección nacional.
Castilla y León, la tierra que catapultó a Vox hace cuatro años, ha vuelto a ser el escenario de un récord para el partido, aunque con un sabor agridulce. Pese a que Santiago Abascal proclamó anoche que «no hay techo» para su formación, los datos del 15-M revelan un auge comedido: Vox suma 14 escaños (uno más que en 2022) y el 18,9% de los sufragios, quedándose lejos del ansiado 20% que algunos sectores del partido soñaban alcanzar.
Un récord con matices estratégicos
Aunque Carlos Pollán y Abascal han vendido el resultado como una «realidad consolidada», la aritmética parlamentaria no es tan generosa como en la cita anterior:
- El PP sube más: Mientras Vox suma un procurador, el PP de Mañueco gana dos, lo que refuerza la posición de los populares a la hora de marcar las condiciones de un futuro diálogo.
- Suma de la derecha: Vox sigue siendo decisivo para que la derecha gobierne, pero su peso dentro de esa posible alianza no ha crecido de forma determinante. El bipartidismo da muestras de resistencia.
Sombras internas y ausencias sonadas
La noche electoral dejó una imagen muy distinta a la de 2022. En esta ocasión, el candidato Carlos Pollán compareció en Valladolid sin el acompañamiento de la plana mayor del partido (Abascal, Ortega Smith o Buxadé), quienes prefirieron seguir el escrutinio desde la sede de Madrid.
Esta soledad en el escenario se produce en un momento de crisis interna, marcada por la expulsión de Ortega Smith y las críticas de antiguos referentes como Espinosa de los Monteros. Incluso Juan García-Gallardo, anterior vicepresidente, lanzó un dardo en redes sociales al afirmar que «el bipartidismo está hoy de fiesta», evidenciando la fractura en el relato de la formación.
El mapa del voto: del éxito en Soria al estancamiento en capitales
Vox ha logrado hitos locales, como obtener por primera vez representación en Soria y superar la barrera del 20% en Palencia, Valladolid y Zamora. Sin embargo, los datos también muestran síntomas de agotamiento en los núcleos urbanos: el partido ha perdido votantes en capitales clave como León, Segovia, Zamora y Salamanca.
La negociación: ¿Gobierno o apoyo externo?
Tras el escrutinio, tanto Abascal como Pollán han enfriado la urgencia por los «sillones». El mensaje ahora se centra en «hacer valer cada voto» y garantizar un «cambio de rumbo», pero evitando el desgaste que supuso la entrada en ejecutivos anteriores. No obstante, la advertencia es clara: Vox no regalará su apoyo a un Mañueco que ya ha manifestado su preferencia por gobernar en solitario.



















