El enfado del ’10’ con el cuerpo técnico tras el choque en el Metropolitano quedó en un simple calentón. El liderato consolidado y el buen ambiente en el vestuario facilitaron la reconciliación antes de aterrizar en Barcelona.
Lo que amenazaba con convertirse en una crisis interna tras la tensión vivida en el Metropolitano se ha disipado a 30.000 pies de altura. El «incendio» protagonizado por Lamine Yamal se extinguió por completo durante el vuelo de vuelta a la Ciudad Condal, transformando los gestos de frustración en anécdotas y bromas entre los protagonistas.
La chispa saltó durante el tramo final del partido, cuando las cámaras de DAZN captaron al joven crack visiblemente molesto, señalando hacia el banquillo tras el 1-2. El motivo del enfado no fue una decisión táctica de Hansi Flick, sino una indicación de José Ramón de la Fuente, entrenador de porteros.
El origen del conflicto: una corrección inoportuna
De la Fuente, conocido por su carácter efusivo en la banda, le habría sugerido a Lamine que priorizara la combinación con sus compañeros en lugar de buscar la finalización individual en los últimos minutos, especialmente aprovechando la superioridad numérica del conjunto azulgrana.
Esta intromisión del preparador de porteros en cuestiones estrictamente ofensivas no sentó nada bien al «10», quien no dudó en trasladar su malestar a Flick de forma visible. Sin embargo, el técnico alemán ya adelantó en la rueda de prensa posterior que «todo estaba bien en el vestuario», restando importancia al incidente.
Victoria y siete puntos de ventaja
La clave para que el conflicto no pasara a mayores ha sido el excelente momento deportivo del equipo. Con los tres puntos en el bolsillo y una distancia de siete puntos respecto al Real Madrid, el ambiente en la expedición culé fue relajándose tras la ducha.
«En el avión de regreso incluso hubo bromas sobre lo sucedido», aseguran desde el programa Què T’hi Jugues, confirmando que Lamine Yamal y el staff han pasado página.
Hansi Flick vuelve a demostrar su mano izquierda para gestionar los egos de un vestuario joven que, pese a los roces lógicos de la alta competición, camina con paso firme hacia el título liguero. El incidente con De la Fuente queda así reducido a una anécdota de un jugador que, pese a su juventud, exige respeto por su estatus y sus decisiones sobre el césped.



















