El bailaor sevillano responde en televisión tras ser señalado como «inquiokupa» en la localidad toledana de Almorox. El artista sostiene que no existía contrato de alquiler y que su estancia fue en calidad de invitado.
Antonio Canales vuelve a situarse en el centro de la polémica. El artista, que ya a finales de 2024 fue señalado públicamente por un presunto impago de alquiler y suministros que ascendía a 4.000 euros, se enfrenta ahora a nuevas acusaciones de similares características. Tras su paso por la vivienda de Tres Cantos donde se grabó el programa ‘GH Dúo’, el bailaor fijó su residencia en Almorox (Toledo), lugar del que, según testimonios vecinales, habría partido dejando una deuda pendiente.
Versiones enfrentadas en Almorox
La controversia ha saltado a la luz en el programa ‘El tiempo justo’, donde se han recogido testimonios que apuntan a que Canales abandonó su domicilio toledano «de la noche a la mañana». Según declaraciones de un vecino al reportero Álex Álvarez, el artista tenía una cuota de alquiler estimada entre los 300 y 400 euros, la cual supuestamente habría dejado de abonar durante los últimos cuatro meses.
Sin embargo, el bailaor sevillano, que ahora reside en El Álamo, ha negado de forma categórica estas informaciones ante Joaquín Prat. «Yo no debo nada», ha sentenciado Canales, restando validez a las acusaciones de su excompañero de piso. Su defensa se basa en la inexistencia de un vínculo contractual formal y en la naturaleza de su estancia en la citada vivienda.
Una estancia sin contrato
Antonio Canales sostiene que su presencia en Almorox no respondía a un arrendamiento convencional, sino que acudió allí «invitado» para combatir el estrés. Según su versión, la propiedad se encontraba envuelta en un conflicto familiar relacionado con su venta, ajeno a su persona, y se le facilitaron las llaves para utilizar el inmueble como refugio personal.
«Yo nunca tengo un contrato, nunca he pagado un alquiler, no he pagado nada», ha afirmado con rotundidad, asegurando además que su estancia efectiva se limitó a «dos fines de semana». Con este argumento, el artista intenta zanjar una nueva crisis reputacional, desmarcándose de la etiqueta de moroso y defendiendo que no se le solicitó contraprestación económica alguna por los días que permaneció en el domicilio.



















