Una broma sobre una supuesta orgía navideña en un bar de Shanghai terminó con la cuenta del autor bloqueada y una advertencia policial sobre posibles sanciones administrativas, reflejando el estricto control que ejerce la Administración del Ciberespacio de China (CAC) sobre las redes sociales.
Lao, un joven de treinta años que trabaja en un bar gay de la ciudad, publicó recientemente en una popular plataforma china que “la mejor forma de entrar en calor estas Navidades era con una orgía” en su local. Aunque la publicación recibió comentarios irónicos de otros usuarios, al día siguiente su post fue eliminado y su cuenta bloqueada. Posteriormente, la policía acudió al bar advirtiendo que el establecimiento podría ser clausurado y que Lao enfrentaría hasta 15 días de detención administrativa y una multa de 1.000 yuanes (unos 120 euros) por “actos que perturban el orden público”.
“La libertad de expresión en redes en China está retrocediendo”, señaló Lao, comparando la situación con un “bosque precioso lleno de maleza que alguien insiste en podar”.
La CAC, que supervisa la actividad digital en China, ha intensificado la censura bajo la bandera de combatir “contenidos maliciosos”, incluyendo información negativa sobre economía, rumores, pesimismo o cualquier expresión considerada un riesgo para la armonía social. Solo el mes pasado, la administración eliminó más de 40.000 publicaciones en redes como Xiaohongshu y Bilibili por generar “alarmismo inmobiliario” o distorsionar políticas de vivienda.
La purga digital también afecta la sexualidad y el ocio: recientes eliminaciones de apps de citas dirigidas a la comunidad LGTBIQ, como Blued y Finka, demuestran que la CAC no tolera espacios de encuentro que no se alineen con la narrativa oficial. El control se apoya cada vez más en inteligencia artificial y sistemas de filtrado automatizados, capaces de eliminar contenido en segundos, mientras los proveedores de servicios digitales deben contar con equipos internos de “auditoría ideológica” que anticipen la censura oficial.
Este episodio evidencia la creciente presión sobre el ciberespacio chino, donde incluso las bromas aparentemente inofensivas sobre orgías pueden derivar en sanciones severas, reforzando el mensaje de que internet no es un espacio de desahogo, sino un escenario estrictamente regulado.




















