Durante el día se presentaba como un joven periodista apasionado por la protección de menores; por la noche, según la policía, Landon Germanotta-Mills dirigía una red internacional de pornografía infantil vinculada a rituales satánicos y torturas.
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La mañana del operativo, los golpes en la puerta de su apartamento resonaron por el pasillo mientras los agentes de Nueva Gales del Sur se preparaban para dar fin a una investigación que atravesaba fronteras. Minutos después, Germanotta-Mills, de 26 años, fue detenido con un pijama de cebra, esposado y tratando de cubrir su rostro. Al mismo tiempo, tres hombres de entre 39 y 46 años, también implicados en la red, fueron arrestados en diferentes puntos de Sídney.
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Germanotta-Mills había construido una fachada impecable: su plataforma Underground Media Network, con apenas 141 seguidores, se presentaba como un espacio comprometido con la justicia y la denuncia de abusos, donde él mismo documentaba casos de estudiantes y otros individuos por delitos similares a los que ahora se le imputan. Sin embargo, la realidad detrás de esa máscara era aterradora. Durante los registros, la policía incautó miles de vídeos con abusos a niños de hasta 12 años, muchos de ellos enmarcados en rituales satánicos y ocultistas, además de imágenes que mostraban maltrato a animales.
“Estos no son abusos corrientes; son especialmente abominables por la forma en que combinan violencia sexual y simbolismo ritual”, explicó Jayne Doherty, portavoz policial.
El hogar de Germanotta-Mills reflejaba el caos de su doble vida: ventanas tapadas, restos de comida y botellas por el suelo, y un cuadro de Lady Gaga, su cantante favorita, a quien había imitado hasta en su apellido. Su obsesión era tal que tenía planes para asistir a su concierto el 9 de diciembre, solo días antes de su arresto.
El joven enfrenta múltiples cargos: posesión y distribución de pornografía infantil, uso de servicios de telecomunicaciones para difundir material ilícito y pornografía zoofílica. De ser declarado culpable, la pena mínima sería de 15 años de cárcel.
Este caso ha conmocionado a Australia, donde el abuso a menores es un problema creciente. Solo en el año fiscal 2024-25, el Australian Centre to Counter Child Exploitation (ACCCE) recibió cerca de 83.000 denuncias de explotación sexual infantil en línea. Las autoridades continúan trabajando con organismos internacionales para identificar a las víctimas y esclarecer el alcance real de la red dirigida por Germanotta-Mills.














