En Rusia, el fenómeno de los calendarios de papel continúa en auge, con una diversidad de temáticas que van desde la naturaleza y la religión hasta monumentos y contenido nacionalista. Dentro de esta última categoría, los calendarios dedicados al presidente ruso, Vladimir Putin, se han convertido en un elemento casi omnipresente en las librerías durante la temporada navideña.
Elizabeta, una empleada de Dom Knigi (Casa del Libro) ubicada en la icónica calle Nuevo Arbat de Moscú, explica que «la demanda es muy alta y los calendarios de Vladímir Putin se agotan rápidamente», lo que subraya el interés del público por productos que reflejan la figura del líder ruso.
Existen numerosos modelos de este tipo de calendario, todos ellos proyectos comerciales de diversas editoriales, y ninguno de ellos tiene un carácter oficial. El ejemplar que hemos adquirido para este reportaje comienza con una imagen impactante: para el mes de enero, se aprecia una fotografía vintage de Putin en una moto de nieve, acompañada de su frase conocida y controvertida: «Las fronteras de Rusia no terminan en ninguna parte», expresada en un tono jocoso en 2016 durante un evento de la Sociedad Geográfica rusa.
Cada mes ofrece no sólo una imagen, sino también una cita que cultiva una percepción idealizada y acrítica de Putin. A través del almanaque, podemos ver al presidente en situaciones variadas, desde actividades oficiales hasta momentos de ocio, reflejando su imagen pública. En particular, se le muestra tocando el piano, rezando o caminando por las montañas, junto a frases como: «Mi receta para la energía: dormir poco, trabajar mucho y no quejarme».
Además, el calendario recoge su faceta como judoca, un arte marcial que ha cultivado a lo largo de los años. A este respecto, una de las citas que se incluye es: «Soy una paloma, pero tengo alas de hierro muy poderosas», que busca enfatizar su carácter robusto y decidido.
Jóvenes rusos como Maxim y Alexander, ambos de 25 años, no han comprado el calendario, pero confirman que muchos de sus amigos lo poseen. «Hay que apoyar el patriotismo», declara uno de ellos, reflejando la conexión emocional que muchos sienten hacia la figura de Putin. Esta afirmación señala el papel que los calendarios pueden jugar en la construcción de una identidad nacional.
Uno de los meses que más aprecian estos jóvenes es mayo, donde se encuentra una imagen de Putin participando en la marcha del regimiento inmortal, una conmemoración de la victoria soviética sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. El evento es un momento de recordación para los 27 millones de soviéticos que perdieron la vida en este conflicto. Cuando se les pregunta si colocarían un calendario de este tipo en sus espacios de trabajo, Maxim expresa que es preferible mantenerlo en el ámbito privado, ya que podría generar discordia entre compañeros con opiniones divergentes.
Sin embargo, Katia, quien parece estar en desacuerdo con la opinión de Maxim, bromea diciendo que prefiere calendarios más inocentes, como los de conejitos y gatitos. Esta ligera broma refleja la diversidad de opiniones acerca de la iconografía política en la vida cotidiana de los rusos.
Lo notable del calendario de 2026 es la ausencia de referencias directas al conflicto en Ucrania. Esto podría deberse a que el tema ha comenzado a generar fatiga entre la población. Aunque la mayoría de los rusos expresan apoyo al ejército y al presidente, se percibe que existe un deseo de alivio en la narrativa militar. De acuerdo a una encuesta reciente, más de la mitad de los rusos piensan que el conflicto podría concluir en 2026.
La decisión de incluir o no el conflicto en el calendario podría interpretarse como un intento del Kremlin de medir la opinión pública ante la posibilidad de un acuerdo de paz. De este modo, el producto comercial se transforma en una herramienta que, aunque aparentemente inofensiva, puede ofrecer una instantánea del clima político y social dentro de Rusia.


















