Cientos de migrantes concentrados en el asentamiento improvisado de la playa del Trampolín, en Ceuta, protagonizaron este domingo 16 de agosto una protesta para reclamar protección internacional y una solución a su situación. Parte de los participantes rechazó los alimentos distribuidos por las organizaciones asistenciales y anunció el inicio de una huelga de hambre que, según manifestaron, mantendrían al menos hasta el miércoles.
La movilización se desarrolló entre las construcciones precarias levantadas con plásticos, lonas y otros materiales en la playa, donde numerosos migrantes permanecen desde la entrada masiva registrada a finales de julio.
Durante la concentración, los participantes corearon repetidamente la palabra «asilo» y mostraron pancartas en las que reclamaban permanecer en España y evitar su devolución a Marruecos. Entre los mensajes exhibidos figuraban peticiones de ayuda y referencias a las difíciles condiciones en las que llevan más de dos semanas.
Rechazan la comida y anuncian una huelga de hambre
La protesta no se limitó a una concentración. Parte de los migrantes decidió rechazar la comida que reciben diariamente como medida de presión para que las autoridades atiendan sus reclamaciones.
Los participantes anunciaron su intención de mantener la huelga de hambre durante varios días mientras esperan una respuesta sobre sus solicitudes de asilo y su futuro en la ciudad autónoma. RTVE recoge que muchos aseguraron que continuarían sin comer, al menos, hasta este miércoles.
La concentración se produjo sin una convocatoria institucional y reunió a alrededor de 200 personas, según las informaciones difundidas sobre el terreno.
«No queremos volver a Marruecos»
La principal reivindicación de los manifestantes fue poder solicitar protección internacional en España.
Durante la protesta aparecieron algunas banderas españolas y pancartas con mensajes contra el retorno a Marruecos. Los migrantes también reclamaron ser escuchados por las autoridades y obtener una solución después de permanecer durante días en una situación de incertidumbre.
Entre quienes se encuentran en Ceuta existen personas de diferentes nacionalidades y circunstancias. Algunos alegan motivos relacionados con persecuciones, conflictos o situaciones de inseguridad, mientras que otros explican que abandonaron sus países por razones económicas. Cada petición de protección internacional debe ser evaluada individualmente conforme a la legislación española y europea.
La playa del Trampolín, convertida en un asentamiento improvisado
La playa del Trampolín se ha convertido en uno de los principales símbolos de la crisis migratoria que atraviesa Ceuta.
Centenares de personas viven allí desde finales de julio en refugios improvisados, mientras organizaciones humanitarias distribuyen alimentos y prestan asistencia sanitaria y social.
Las condiciones de alojamiento han generado una creciente preocupación por la higiene, el acceso a servicios básicos y la salud de las personas instaladas en esta zona. La situación se prolonga mientras las administraciones buscan nuevos espacios para ofrecer una acogida provisional.
El Gobierno ha planteado este lunes tres posibles emplazamientos para instalar recursos temporales que permitan alojar a más de 1.500 solicitantes de asilo que permanecen actualmente en calles y playas de Ceuta.
Miles de migrantes continúan en Ceuta
La protesta se produce más de dos semanas después de la entrada masiva registrada los días 30 y 31 de julio.
Las estimaciones oficiales sitúan entre unas 5.000 y 8.000 las personas que todavía permanecen en Ceuta, después de que más de 72.000 cruzaran la frontera durante aquellos episodios.
El Gobierno insiste en que las personas que entraron irregularmente no obtendrán automáticamente permiso para permanecer en España ni para trasladarse a la Península. Las solicitudes de protección internacional deberán analizarse de manera individual antes de decidir sobre su situación administrativa.
Mientras avanzan esos procedimientos, la incertidumbre continúa marcando la vida diaria de quienes permanecen en asentamientos improvisados como el de la playa del Trampolín.
La protesta del domingo supone una nueva muestra de la creciente tensión entre los migrantes que esperan una respuesta y unas administraciones que afrontan una crisis fronteriza y humanitaria de dimensiones excepcionales.









