El doctor S. I. ha sido condenado tras descubrirse que prescribía cocaína y heroína a mujeres en su consulta para anular su voluntad y facilitar abusos sexuales por parte de terceros.
Un caso que mezcla medicina, narcotráfico y abusos sexuales ha sacudido los cimientos de la sociedad marroquí. El Tribunal Superior de Marruecos ha dictado una sentencia de 20 años de prisión contra un conocido psiquiatra, identificado como S. I., acusado de liderar una red de explotación y violación que afectó a al menos diez de sus pacientes.
La investigación, que ha salido a la luz esta semana, revela una trama digna de una novela de terror. Según la sentencia, el facultativo utilizaba su posición de confianza para recetar sustancias altamente adictivas —como cocaína, heroína y diversos alucinógenos— a las mujeres que acudían a su consulta buscando ayuda profesional. Una vez que las víctimas desarrollaban una dependencia severa y su voluntad quedaba anulada por los estupefacientes, el médico las sometía a orgías y encuentros sexuales con otros hombres.
Un descubrimiento accidental
El caso comenzó a desmoronarse debido a una sospecha de infidelidad conyugal. La esposa del psiquiatra, intrigada por la negativa de su marido a acompañarla en un viaje a Francia, revisó su teléfono móvil a su regreso. Lo que encontró no fueron mensajes amorosos, sino un archivo de horror: vídeos y evidencias de las orgías y los abusos cometidos en la clínica.
El impacto del caso ha sido devastador para las víctimas. Una de ellas testificó haber llegado al extremo de vender su propia vivienda para costear el consumo de las drogas que el doctor le suministraba, mientras caía en una espiral de abusos sistemáticos.
Polémica judicial y social
El proceso judicial no ha estado exento de una intensa polémica. En un primer juicio, los cómplices de las violaciones recibieron penas mínimas de apenas dos años de cárcel, tras aplicárseles atenuantes como «pobreza» o «falta de educación». Sin embargo, la indignación ciudadana y la movilización de grupos de derechos humanos forzaron una revisión por parte de un tribunal superior, que finalmente elevó las penas hasta los 20 años para el cabecilla.
A pesar de la contundencia de la condena principal, el caso ha dejado un sabor amargo en la opinión pública marroquí. La causa contra varios implicados de alto perfil —incluyendo a hijos de importantes empresarios farmacéuticos y líderes de la patronal— fue archivada, lo que ha generado críticas sobre la posible influencia del poder económico en el sistema judicial del país.
Este escándalo ha reabierto el debate en Marruecos sobre la supervisión de la praxis médica y la protección de las mujeres frente a la violencia sexual, en un país donde el estigma social a menudo silencia a las víctimas de tales atrocidades.




















