La Feria de Abril de 2026 ha vivido este jueves uno de sus momentos más amargos. El diestro peruano Andrés Roca Rey ha resultado herido de gravedad tras sufrir una aparatosa cogida en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, justo en el momento de entrar a matar al quinto toro de la tarde.
El percance ocurrió durante el decimotercer festejo del abono sevillano. Roca Rey, que ya había cuajado una actuación de entrega absoluta frente a un exigente ejemplar de la ganadería de Toros de Cortés bautizado como ‘Soleares’, se lanzó con determinación a por la espada para rubricar su obra. Fue en el instante del volapié cuando el animal le prendió por el muslo derecho, zarandeándolo violentamente durante varios segundos antes de dejarlo tendido sobre el albero.
Traslado de urgencia y dos orejas en la enfermería
La plaza, que registraba un lleno de «no hay billetes», enmudeció mientras las cuadrillas trasladaban a toda prisa al torero de Lima hacia la enfermería. Según las primeras informaciones, el diestro está siendo intervenido quirúrgicamente de una cornada en la cara interna del muslo derecho. Aunque el pronóstico es reservado, las fuentes médicas hablan de una herida de «mala pinta» que requiere una cirugía profunda.
Pese a la tragedia, la presidencia concedió las dos orejas tras la muerte del animal a manos de José María Manzanares, director de lidia. Los trofeos fueron paseados por los miembros de su cuadrilla ante una grada conmocionada, donde se encontraba presente su pareja, Tana Rivera, junto a varios familiares y personalidades del mundo social.
Una semana negra para la Feria
Este grave incidente se suma a la cornada sufrida hace apenas tres días por Morante de la Puebla en este mismo ruedo, quien todavía permanece ingresado. La «semana negra» en la Maestranza deja un balance desolador para el escalafón de figuras en una feria que estaba alcanzando cotas artísticas altísimas.
En el resto del festejo, marcado por la tensión y el dramatismo final, José María Manzanares fue silenciado en su lote, al igual que el joven Javier Zulueta, que lidiaba el tercer astado de una tarde que comenzó como una celebración del toreo y terminó con la angustia en los pasillos de la enfermería.











