El Sindicato de Inquilinas, conocido por sus chalecos naranjas, está al frente de una multitudinaria acampada en la Puerta del Sol, donde miles de personas se han instalado en tiendas de campaña. La protesta comenzó hace cinco días tras una manifestación contra el desahucio de Maricarmen, y ha evocado recuerdos del movimiento 15M.
La organización, que se formó en mayo de 2017, surgió de la necesidad de abordar los problemas de alquiler que se discutían cada vez más en las asambleas de movimientos de vivienda. Alejandra Jacinto, abogada del Centro de Asesoría y Estudios Sociales (CAES) y parte de la comisión jurídica del sindicato, explica que el objetivo era profesionalizar la lucha por el derecho a la vivienda.
Jacinto, quien fue portavoz de Podemos, tiene sus raíces en la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH), una organización que nació en 2009 tras la crisis inmobiliaria para paralizar desahucios y que reunió un millón y medio de firmas para una Iniciativa Legislativa Popular. Con el tiempo, el enfoque de la PAH se desplazó hacia el mercado del alquiler.
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Gonzalo Maestro, uno de los fundadores del sindicato, señala que la intención era crear una organización más estable y estructurada, inspirada en el sindicalismo laboral. El modelo se basó en las Tenant Unions o Housing Associations de Europa, y el sindicato se ha expandido desde sus cimientos en Madrid en 2019, cuando contaba con 92 afiliados, hasta alcanzar los 3.000 miembros actuales, distribuidos en ocho «nodos» en la capital.








