En un acto cargado de simbolismo y rodeado de personalidades de la sociedad civil gallega, el ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, se ha pronunciado públicamente este jueves tras la sentencia del Tribunal Supremo que forzó su salida del cargo.
Durante el homenaje recibido en la capital gallega, García Ortiz ha calificado su inhabilitación como una «flagrante injusticia», aunque ha querido alejarse de cualquier narrativa de victimismo.
«Ni héroe, ni pobre fiscal»
Con un tono firme pero sereno, el ex fiscal general ha rechazado las etiquetas que han rodeado su proceso judicial en los últimos meses:
«No soy ningún héroe, pero tampoco ninguna víctima. ¡Pobre fiscal!… No soy ningún pobre», afirmó ante un auditorio compuesto por figuras del derecho, la política y el ecologismo.
García Ortiz se definió como un «privilegiadísimo» por haber ostentado la máxima responsabilidad del Ministerio Público, una institución que, según sus palabras, posee la legitimidad más clara dentro del sistema judicial español. Lejos de mostrarse abatido, aseguró que lo vivido solo le genera convicción para «seguir cambiando las cosas».
El origen de la condena
La intervención se produce apenas unos meses después de que el Tribunal Supremo dictara su inhabilitación por dos años. La sentencia consideró probado que García Ortiz incurrió en una revelación de secretos al difundir datos relativos a la situación tributaria de Alberto González Amador, pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Un respaldo civil en su «casa»
El acto de reconocimiento, celebrado este 23 de abril de 2026, buscaba poner en valor la trayectoria del jurista antes de su polémica salida. Los asistentes destacaron su vinculación con Galicia y su papel en la modernización de la fiscalía, mientras que el propio García Ortiz aprovechó el foro para reivindicar la autonomía y el papel democrático de la institución que dirigió hasta su condena.













