Las antiguas religiosas entregaron las llaves al Arzobispado de Burgos apenas unas horas antes del plazo judicial para el desahucio. Se trasladan temporalmente a Toledo mientras la Iglesia denuncia el «deterioro» y la falta de patrimonio en el inmueble.
El largo conflicto jurídico y eclesiástico de las exmonjas de Belorado ha alcanzado su punto final en la provincia de Burgos. A las 02:46 horas de la madrugada de este jueves, 12 de marzo, las antiguas religiosas abandonaron de forma definitiva el cenobio de Santa Clara, adelantándose por escaso margen a la orden de desahucio civil que debía ejecutarse a las 09:30 horas.
La salida estuvo marcada por un acto simbólico liderado por la exabadesa, Laura García de Viedma, quien apagó la última vela del altar y los interruptores del edificio antes de partir hacia un realojo temporal en la provincia de Toledo.
Un desalojo voluntario bajo presión judicial
Aunque la entrega de llaves se realizó de forma pacífica a través de su abogado, Florentino Aláez, el movimiento responde a la ejecución provisional de la sentencia del pasado julio, que reconoció a la Iglesia católica como legítima propietaria.
Pese al abandono, la defensa de las exreligiosas mantiene la esperanza de que el Tribunal Supremo revoque la decisión. «Esperamos volver más pronto que tarde», afirmó Aláez, subrayando que las exmonjas atraviesan un momento «duro» al dejar la que fue su casa desde el siglo XIV.
Polémica por el estado del patrimonio
La entrada de la comisión judicial y los representantes del Arzobispado de Burgos ha estado rodeada de nuevas acusaciones. Gerardo Sanz-Rubert, abogado del Arzobispado, denunció tras la inspección ocular que el monasterio se encuentra en un estado de «gran deterioro».
- Bienes desaparecidos: El Arzobispado sostiene que faltan muebles, documentos, gran parte del archivo histórico y varios retablos.
- Investigación abierta: Estas faltas se suman a la investigación en curso por la presunta venta de oro y obras de arte, que ya se saldó con la detención de dos de las exmonjas meses atrás.
El regreso de la comunidad legítima
Mientras las cismáticas ponen rumbo a Toledo —donde cuentan con apoyo familiar y una treintena de ofertas de alojamiento—, el monasterio vuelve a manos de la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu.
El momento más emotivo de la jornada lo protagonizó Sor Amparo, la monja que fue expulsada por las cismáticas hace dos años por no secundar el cisma. Este jueves, finalmente, ha podido cruzar de nuevo el umbral de «su casa».



















