Teherán lanza una contraofensiva con misiles contra activos de Estados Unidos e Israel tras el fallecimiento del líder supremo en un bombardeo. La escalada deja ya las primeras bajas estadounidenses confirmadas y centenares de víctimas en suelo iraní.
La muerte del líder supremo de Irán, Ali Jamenei, tras un bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel sobre su residencia en Teherán, no ha supuesto el fin de las hostilidades, sino el inicio de una fase de guerra total en Oriente Medio. La denominada operación «León Rugiente» ha entrado en una espiral de violencia sin precedentes, con el gobierno iraní prometiendo represalias «sin límites» y la confirmación de las primeras víctimas mortales en las filas del Ejército estadounidense.
El ministro de Exteriores iraní, Abás Aragchi, ha rechazado de forma tajante las advertencias del presidente Donald Trump, quien instó a Irán a no responder a los ataques. «Nadie puede decirnos que no tenemos derecho a defendernos», declaró Aragchi, calificando la ofensiva aliada de «agresión» y las acciones persas de «legítima defensa». Esta doctrina ha convertido automáticamente a todos los activos de Washington y Tel Aviv en la región en objetivos militares legítimos para la Guardia Revolucionaria.
Hostilidades en el Golfo y el estrecho de Ormuz
La tensión ha alcanzado uno de los puntos más críticos para la economía mundial con el ataque a la navegación comercial. La Guardia Revolucionaria asegura haber alcanzado con misiles tres petroleros de bandera estadounidense y británica en el estrecho de Ormuz. Aunque no existe confirmación independiente, grandes navieras como Maersk ya han cancelado sus travesías por la zona.
En el plano militar, Teherán afirma haber disparado cuatro misiles balísticos contra el portaaviones USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo. Si bien fuentes del Pentágono aseguran que los proyectiles no impactaron en el buque, el U.S. Central Command ha confirmado por primera vez tres militares estadounidenses muertos y cinco heridos graves en el marco de la operación. La violencia se ha extendido incluso a Europa, con el reporte de dos proyectiles iraníes contra la base naval británica en Chipre, que afortunadamente no causaron heridos.
Devastación en Teherán y bajas civiles
La ofensiva aérea sobre la capital iraní y otras 24 provincias ha dejado un rastro de destrucción. Según la Media Luna Roja iraní, el balance provisional es de 201 muertos y más de 740 heridos. Entre los episodios más trágicos se encuentra el ataque a una escuela de niñas en el sur de Irán, donde se contabilizan más de 150 víctimas, en su mayoría menores.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha redoblado su apuesta militar anunciando la movilización de 100.000 reservistas adicionales. «Nuestras fuerzas están golpeando el corazón de Teherán con gran potencia», afirmó el mandatario, asegurando que la campaña continuará hasta neutralizar la que considera una «amenaza existencial».
Impacto en suelo israelí
La respuesta iraní también ha golpeado territorio israelí. El incidente más grave ha tenido lugar en Beit Shemesh, cerca de Jerusalén, donde un misil balístico impactó directamente contra una zona residencial, destruyendo una sinagoga y dañando un refugio público. El ataque se ha cobrado la vida de nueve personas y ha dejado más de 40 heridos, entre ellos un niño de cuatro años en estado moderado. La Fuerza Aérea israelí ha iniciado una investigación para determinar por qué los sistemas de interceptación no lograron neutralizar el proyectil antes del impacto.
Mientras el presidente Trump asegura que 48 líderes iraníes han sido eliminados y que la operación avanza «por delante de lo previsto», la realidad sobre el terreno muestra un conflicto que ha mutado hacia una fase estructuralmente distinta, con rutas comerciales alteradas, espacios aéreos cerrados y una amenaza latente sobre el suministro energético global.

















