El uso de artes de pesca no selectivas vuelve a poner en jaque a la fauna marina en el Estrecho de Gibraltar. Según ha informado originalmente El Faro de Ceuta, las asociaciones CECAM y Daubma han denunciado el hallazgo del cadáver de una tortuga boba (Caretta caretta) en las inmediaciones de la desaladora, en la costa norte de la ciudad autónoma.
Un final agónico bajo el mar
El ejemplar localizado, un quelonio de aproximadamente 16 años y 20 kilos de peso, presentaba evidencias claras de una interacción letal con la actividad humana. Los expertos de ambas organizaciones señalaron que el animal tenía un fragmento de red de pesca fuertemente enredado en su aleta delantera derecha.
Este tipo de atrapamiento resultó fatal: la tortuga no pudo ascender a la superficie para obtener oxígeno, lo que le provocó la muerte por ahogamiento. Los indicios apuntan a que los pescadores, al izar la red y encontrar al animal ya sin vida, optaron por cortar el tramo de malla y dejar el cuerpo a la deriva.
Clave del conflicto: El uso de redes de deriva está estrictamente prohibido por la normativa española y europea debido a su alta peligrosidad para las especies protegidas.
Exigencia de responsabilidades legales
Ante este presunto delito medioambiental, tanto el CECAM como Daubma han instado a las autoridades competentes a actuar de oficio. Las organizaciones recuerdan que el marco legal es contundente al respecto:
- Código Penal (Art. 334 y 335): Sanciona específicamente la muerte de especies protegidas y el uso de artes de pesca no selectivas.
- Obligación de investigar: De acuerdo con el artículo 408 del Código Penal, los funcionarios tienen el deber de perseguir cualquier hecho delictivo del que tengan conocimiento por su cargo.
Compromiso con el ecosistema
Este incidente no es un caso aislado, sino que representa un nuevo episodio de la lucha constante por la biodiversidad en las aguas de Ceuta. Las entidades conservacionistas han reafirmado su intención de seguir documentando cada varamiento que presente signos de interacción humana —como amputaciones o heridas— para garantizar que se aplique el máximo rigor en las investigaciones y se proteja el ecosistema del Estrecho.















