El presidente ucraniano reclama 2027 como año clave para la entrada en el bloque, pero Bruselas advierte que el proceso se basa en méritos y reformas, no en calendarios. La complejidad de los 35 capítulos de negociación y la falta de una «vía rápida» frenan las expectativas de Kiev.
Volodímir Zelenski ha intensificado su presión diplomática para obtener un compromiso temporal firme por parte de la Unión Europea. Tras sus intervenciones en la Conferencia de Seguridad de Múnich y ante el Parlamento Europeo, el líder ucraniano ha sido tajante: necesita «una fecha concreta» para evitar que Vladímir Putin logre dividir a Europa. Sin embargo, desde Bruselas, la respuesta sigue siendo una mezcla de apoyo incondicional y prudencia técnica. A pesar de que Kiev ha fijado 2027 en su horizonte ideal, el funcionamiento institucional de los 27 impide dar el «sí» definitivo de forma inmediata.
Un proceso basado en méritos, no en plazos
La principal razón por la que la UE se resiste a fijar un día en el calendario es la naturaleza misma del proceso de ampliación. Este no es un trámite administrativo con fecha de caducidad, sino una carrera de obstáculos basada en el cumplimiento de estándares estrictos. Actualmente, Ucrania debe negociar 35 capítulos divididos en seis clústeres o áreas temáticas. Cada uno de estos capítulos debe abrirse y cerrarse por unanimidad de los 27 Estados miembros, lo que otorga un derecho de veto implícito a países como Hungría o Eslovaquia, que se han mostrado reticentes en diversos puntos.
A día de hoy, Ucrania ha avanzado en áreas como la administración pública y las instituciones democráticas, pero la Comisión Europea subraya que aún debe acelerar el ritmo en reformas fundamentales, especialmente en lo relativo al Estado de derecho y la lucha contra la corrupción.
La larga lista de espera y la ausencia de una «vía rápida»
Otro factor determinante es la equidad con otros candidatos. Países de los Balcanes Occidentales llevan décadas en la sala de espera. Montenegro, por ejemplo, es actualmente el país más avanzado y algunas fuentes señalan 2028 como su posible fecha de entrada. Favorecer a Ucrania con una «vía rápida» que no existe legalmente generaría una crisis de agravios comparativos con naciones como Albania, Serbia o Macedonia del Norte.
Además, la historia reciente sirve de recordatorio sobre la lentitud del proceso. Croacia, el último país en adherirse (2013), tardó una década completa en completar todas las etapas. Ucrania solicitó su entrada en febrero de 2022; apenas han pasado cuatro años, un suspiro en términos de armonización legislativa europea.
El factor de la guerra y la reforma interna de la UE
Bruselas se enfrenta a un dilema inédito: nunca se ha integrado a un país en mitad de un conflicto bélico de gran escala. La entrada de Ucrania supondría que la UE «heredaría» directamente la guerra con Rusia, una situación que muchos Estados miembros no están dispuestos a asumir sin un escenario de paz previo o garantías de seguridad extremas.
Por último, una ampliación que incluya a Ucrania —un país con un peso agrícola y demográfico inmenso— obligaría a la propia Unión Europea a realizar una reforma interna profunda de sus instituciones y presupuestos, algo que todavía no ha comenzado. Aunque Ursula von der Leyen asegura que Ucrania «va por el buen camino», la meta de 2030 parece un escenario más realista para una ampliación general que el 2027 que demanda Zelenski.




















