Las calles de Teherán han sido testigo de nuevas manifestaciones este sábado, donde ciudadanos se han levantado contra el régimen, a pesar de un bloqueo casi total de internet impuesto por las autoridades y el temor a una represión violenta. Estas protestas, que se iniciaron hace dos semanas, representan uno de los más grandes desafíos para la República Islámica en un contexto de creciente descontento social.
Según informes y vídeos verificados por la agencia AFP, las concentraciones comenzaron en el norte de la capital, donde los manifestantes entonaron consignas en contra del Gobierno y utilizaron cacerolas como símbolo de protesta. En varias áreas se lanzaron fuegos artificiales, y se escucharon gritos en apoyo a la dinastía Pahlavi, la cual fue derrocada durante la Revolución Islámica de 1979. Además, se han registrado otros incidentes en diferentes puntos de la ciudad, aunque no todos han podido ser corroborados de manera independiente.
Las organizaciones de derechos humanos han denunciado que al menos 51 personas han perdido la vida desde el inicio de estas protestas, incluidos nueve menores de edad. La ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, ha publicado imágenes que supuestamente muestran cuerpos de manifestantes en un hospital de Teherán. Por otro lado, otras fuentes sugieren que la cifra de muertos podría ascender a 116, con más de 2600 personas detenidas.
Las movilizaciones comenzaron en respuesta al aumento del costo de la vida, pero han evolucionado hacia un rechazo más amplio al régimen. En diversos barrios de Teherán se han escuchado gritos contra el líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, lo que evidencia un ámbito de protesta más generalizado.
A pesar de la creciente represión, el líder supremo ha declarado una posible ofensiva más contundente, ignorando las alertas de Estados Unidos. En este contexto, el fiscal general de Irán, Mohammad Movahedi Azad, advirtió que cualquier participante en las protestas será considerado un «enemigo de Dios», un cargo que puede conllevar la pena de muerte. La televisión estatal también ha mencionado que aquellos que apoyen a los alborotadores enfrentarán repercusiones legales.
Desde el jueves, gran parte del país ha vivido un corte significativo de internet, medida adoptada por las autoridades para limitar el flujo de información hacia el exterior, según la organización Netblocks. Esta restricción ha dificultado la verificación de la situación en el terreno y ha generado una gran preocupación internacional.
La cobertura mediática local se ha enfocado mayormente en la seguridad y bajas de las fuerzas del orden, mientras que se minimiza el número de manifestantes fallecidos a quienes se les empieza a clasificar como «terroristas». Sin embargo, la televisión estatal ha admitido que las protestas han persistido, con manifestaciones reportadas en Teherán y en la ciudad santa de Mashhad.
A medida que las tensiones aumentan, la comunidad internacional ha expresado su condena ante las acciones represivas por parte del gobierno iraní. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha manifestado su apoyo a los iraníes que exigen libertad, criticando la «violenta represión». Asimismo, el presidente de Estados Unidos ha declarado que Irán «aspira a la libertad», advirtiendo que cualquier represión masiva podría generar una respuesta contundente de la comunidad internacional.
En este clima de debilidad interna, las actuales protestas son las más significativas desde las agitaciones que siguieron a la muerte de Mahsa Amini en 2022, cuando fue detenida por violar el estricto código de vestimenta femenino. Además, este contexto de descontento se ve agravado por el deterioro de la influencia regional de Irán y el endurecimiento de las sanciones internacionales en respuesta a sus actividades nucleares.


















