Varios ayuntamientos gobernados en Castilla y León han asumido el compromiso de aplicar una presión fiscal baja como medida para fomentar el desarrollo local y atraer inversión, una apuesta que busca contrarrestar el crecimiento de la carga impositiva municipal registrada en la última década. Según sus responsables, el objetivo es reactivar la economía, frenar la despoblación y aliviar la presión sobre los ciudadanos.
La decisión se enmarca en un contexto regional marcado por un aumento notable de la presión fiscal en muchos municipios durante los últimos años. Un reciente informe señala que la recaudación media por habitante en los ayuntamientos de la comunidad asciende a 674 euros, un incremento del 22,7 % en diez años.
Ante este panorama, los consistorios gobernados por partidos que defienden una fiscalidad más moderada han decidido revertir la tendencia, comprometiéndose a reducir impuestos locales y simplificar cargas tributarias. El argumento principal es claro: una fiscalidad moderada puede incentivar la actividad económica, favorecer la instalación de negocios y frenar la fuga de población, factores clave en zonas rurales y pequeñas localidades.
Los impulsores de la medida defienden que bajar la presión fiscal no significa bajar la calidad de los servicios: apuestan por una gestión más eficiente de los recursos públicos, control del gasto y una administración local más austera. Según ellos, un entorno fiscal favorable puede atraer inversión privada, generar empleo y mejorar la competitividad de los municipios.
Por otro lado, la medida también busca ofrecer un alivio real a los ciudadanos, muchos de ellos afectados por el incremento generalizado de costes —vivienda, servicios básicos, suministros— en los últimos años. Una reducción del IBI, tasas municipales o impuestos sobre actividades económicas puede suponer un respiro para familias y empresas pequeñas, y permitir mantener actividad comercial en localidades con riesgo de despoblación.
Sin embargo, los críticos advierten de los riesgos: reducir la presión fiscal sin una adecuada compensación podría debilitar los ingresos municipales, comprometer inversiones en infraestructuras, mantenimiento urbano y servicios públicos esenciales. En un contexto de crecientes necesidades demográficas y sociales, las arcas locales podrían verse tensionadas si no se gestiona con prudencia.
Qué supone esta apuesta por baja presión fiscal
- Un alivio para ciudadanos y negocios locales gracias a impuestos más bajos.
- Impulso a la actividad económica y atracción de inversión en municipios rurales y pequeños.
- Riesgo para los ingresos municipales si no se gestiona el gasto con rigor.
- Oportunidad para frenar la despoblación y revitalizar territorios con problemas demográficos.
El compromiso de estos ayuntamientos de Castilla y León por aplicar una presión fiscal baja representa una apuesta por el crecimiento económico desde lo local. En un entorno marcado por subidas impositivas durante años, la promesa de menor carga tributaria aspira a dinamizar negocios, reactivar la actividad y ofrecer un respiro a los ciudadanos. No obstante, su éxito dependerá de una gestión rigurosa y equilibrada de los recursos públicos, para evitar riesgos en servicios esenciales y garantizar un desarrollo sostenible.


















