En una reciente entrevista con La Vanguardia, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha expresado su preocupación por los planes de Donald Trump de adquirir Groenlandia. Según Sánchez, estas intenciones no solo beneficiarían a Rusia, sino que también podrían tener graves consecuencias para la OTAN.
«Si Estados Unidos invadiera Groenlandia, haría a Vladímir Putin el hombre más feliz del mundo», afirmó Sánchez. Continuó explicando que tal acción legitima las acciones unilaterales de Putin y su cuestionamiento de la integridad territorial en Ucrania.
El mandatario español se refirió a la posible anexión de Groenlandia por parte de la administración Trump como un evento que podría significar «la carta de defunción de la OTAN». Estas afirmaciones subrayan la visión de Sánchez sobre el impacto geopolítico que tendría una decisión de este tipo.
Sánchez enfatizó la necesidad de que Europa se una y avance hacia una defensa común más robusta, señalando que este camino debería poder ser recorrido incluso sin el consenso previa de todos los Estados miembros de la Unión Europea.
La reacción inicial de Europa ante la amenaza de Trump de imponer aranceles a Dinamarca y otros aliados que apoyan a Groenlandia fue de unidad. Los líderes europeos han manifestado su intención de coordinar una respuesta conjunta a estas medidas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió sobre los peligros de los aranceles, sugiriendo que podrían abrir una peligrosa espiral de medidas económicas. La respuesta de varios líderes europeos ha sido contundente, con Macron calificando las amenazas como inaceptables y Keir Starmer, el primer ministro británico, las ha considerado erróneas.
Desde la esfera diplomática europea, se ha destacado que cualquier división entre los aliados solo beneficiaría a potencias como China y Rusia. Para contrarrestar esto, los embajadores de los Veintisiete han estado trabajando en una estrategia de respuesta unificada.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha hecho hincapié en que la Unión Europea se mantendrá firme en la defensa del derecho internacional, dejando claro que se coordinará una respuesta conjunta sobre este tema sensible.


















