El corazón de Marruecos se paralizó en el minuto 114 del tiempo reglamentario antes de la prórroga, cuando Brahim Díaz, el delantero del Real Madrid, se disponía a ejecutar el penalti que podía dar el título continental a su selección. Con la mirada fija en la portería, el malagueño optó por un arriesgado lanzamiento estilo Panenka. El portero Mendy se quedó quieto y atrapó el balón con facilidad. El fallo abrió la puerta al gol de Senegal en la prórroga y desencadenó un drama que marcará a Marruecos y a Brahim para siempre.
Las reacciones fueron inmediatas y contundentes. Su propio entrenador, Regragui, mostró inicialmente reproche tras acercarse al banquillo y minutos después decidió sustituirlo. Brahim abandonó el campo entre silbidos, visiblemente abatido y roto, con lágrimas incluso cuando subió al escenario a recibir el premio al máximo goleador del torneo, con cinco tantos en siete partidos.
Analistas y exfutbolistas no tardaron en expresar su descontento. Régis Brouard, entrenador y comentarista en RMC Sports, señaló: “Se lo reprocharé toda la vida. Es una falta de respeto al partido, a la final, al continente, tirar el penalti así. Una falta de respeto a su entrenador y a su equipo”. Por su parte, Khalid Boulahrouz, exjugador holandés de origen marroquí, criticó: “No eres Zidane, no eres Ronaldo, no eres Hakimi. Puede que hayas marcado cinco goles… pero esto es extremadamente doloroso”.
El fallo incluso generó teorías de conspiración, al notar que los jugadores senegaleses no celebraron el penalti fallado. Sin embargo, Mendy negó cualquier duda: “Él quiso marcar y yo hice mi trabajo parándolo, nada más”.
Brahim, quien eligió representar a Marruecos en lugar de España, pasó de la gloria a la polémica en cuestión de segundos. El país que lo recibió con los brazos abiertos ahora se debate entre la decepción y la esperanza de que el jugador pueda recomponerse y seguir brillando.
El destino, que parecía haberle reservado una gloria histórica, se convirtió en una pesadilla momentánea. Ahora, la pregunta es si Brahim logrará remontar y recuperar la confianza de un país que todavía recuerda con cariño sus goles, pero que no olvida su penalti más polémico.




















