Los Seattle Seahawks se proclamaron campeones de la Super Bowl LX tras derrotar con autoridad a los New England Patriots (13-29) en el Levi’s Stadium de Santa Clara. En una final dominada por las defensas y con escaso brillo ofensivo durante buena parte del partido, el conjunto del estado de Washington se apoyó en una actuación monumental de su unidad defensiva para conquistar el segundo anillo de su historia, el primero desde 2014.
El viejo mantra de que “las defensas ganan campeonatos” volvió a confirmarse. La estructura diseñada por el entrenador Mike Macdonald y el coordinador defensivo Aden Durde anuló por completo al ataque de los Patriots y, en especial, al joven quarterback Drake Maye, incapaz de descifrar el entramado rival. Seattle no necesitó un despliegue ofensivo espectacular: le bastó con cuidar el balón, aprovechar errores y golpear en los momentos clave.
Una final de trincheras
La Super Bowl disputada en el estadio de los San Francisco 49ers, eterno rival de Seattle, no fue especialmente vistosa en sus tres primeros cuartos. Hubo pocos avances y abundaron los despejes, con ocho punts en la primera mitad y un marcador de 0-9 al descanso tras tres field goals de Jason Myers.
El partido era una batalla física, de contacto constante y ajustes defensivos. Solo algunas carreras de Kenneth Walker III, que acabaría siendo elegido MVP, aportaron chispa en un inicio muy trabado. Ni siquiera el correcto partido del quarterback de Seattle, Sam Darnold —que terminó con 202 yardas de pase—, fue determinante en un duelo en el que el protagonismo recayó en las defensas.
Mientras tanto, en la grada se homenajeaba a leyendas como Tom Brady, Joe Montana o Peyton Manning en el 60 aniversario de la Super Bowl. Brady, desde un palco, presenció cómo el joven Maye sufría ante la presión de Seattle en su primera gran final.
El último cuarto decide
Todo se resolvió en el último cuarto. Tras un fumble de Maye, Seattle encontró por fin la zona de anotación con un pase de Darnold a AJ Barner. Los Patriots reaccionaron con un profundo envío de 35 yardas que Mack Hollins convirtió en touchdown, reavivando el partido (9-17).
Sin embargo, cuando New England parecía acercarse, volvió a aparecer la defensa de Seattle. Una intercepción de Julian Love cortó el impulso rival y, poco después, Uchenna Nwosu firmó otra intercepción que devolvió hasta la zona de anotación para sentenciar el encuentro. Aunque Rhamondre Stevenson recortó distancias en los minutos finales, Walker respondió con otro touchdown que cerró definitivamente la victoria.
El corredor terminó con 135 yardas en 27 intentos y fue nombrado MVP de la final. Su consistencia permitió a Seattle controlar el ritmo del partido y acompañar el dominio de su defensa.
Un muro infranqueable
Las cifras de la defensa de los Seahawks reflejan la magnitud de su actuación: 331 yardas totales permitidas (muchas en el tramo final), tres pérdidas forzadas, dos intercepciones y un touchdown defensivo. Maye vivió una noche complicada, lanzando dos intercepciones y perdiendo un balón ante una presión constante.
El triunfo también tiene sabor a revancha para Seattle tras la Super Bowl de 2015 perdida ante los Patriots. Once años después, la historia se escribió al revés, con la defensa como gran protagonista y con un equipo que vuelve a la cima de la NFL gracias a su solidez y disciplina.
En Santa Clara, además del espectáculo deportivo, destacó el show del descanso a cargo de Bad Bunny, que puso ritmo latino a una noche histórica. Pero el verdadero espectáculo estuvo sobre el césped: el de una defensa dominante que devolvió a los Seahawks al trono de la NFL.




















