A un mes del accidente ocurrido en Adamuz, las víctimas siguen intentando asimilar el impacto del suceso y expresan su frustración por la falta de respuesta de las administraciones. Muchos de los afectados aseguran sentir “rabia por el olvido” mientras luchan por obtener apoyo y claridad sobre los pasos a seguir.
Para afrontar las secuelas del accidente, las víctimas han comenzado a recibir atención psicológica, un recurso clave para manejar el trauma y la ansiedad derivados del incidente. Paralelamente, se organizan para enfrentar la burocracia y avanzar en las acciones legales necesarias para identificar responsabilidades y reclamar indemnizaciones.
Los afectados destacan que, además del dolor físico y emocional, el proceso administrativo y legal se ha convertido en un desafío adicional. La coordinación entre las familias y los profesionales legales es esencial para garantizar que se depuren responsabilidades y se evite que los responsables queden impunes.
Mientras tanto, la comunidad sigue pendiente de la evolución del caso, y las víctimas insisten en que el seguimiento de las autoridades y la visibilidad del proceso son fundamentales para restaurar la confianza y avanzar hacia la justicia.




















