Con una subida de cuatro puntos, los populares logran un triunfo doble: consolidan su gobierno en Castilla y León y frenan la tendencia alcista de Santiago Abascal, enviando un mensaje de «jerarquía» de cara a futuras negociaciones.
Madrid / Valladolid | Las urnas del 15-M en Castilla y León han dictado una sentencia que va más allá de lo autonómico. Para Génova, el resultado de Alfonso Fernández Mañueco supone un punto de inflexión estratégico: el Partido Popular ha logrado silenciar el «ruido» de Vox mediante las «nueces» de los votos. Con 33 procuradores y una ventaja de 17 puntos sobre la formación de Abascal, el PP se reivindica como el «hermano mayor» indiscutible de la derecha española.
El «mandato taurino» de las urnas
En los círculos políticos se empieza a aplicar un viejo adagio taurino para explicar lo sucedido: «los de valor a mandar, y los de arte a acompañar». Los datos son claros:
- PP, a mandar: Casi duplica en votos a Vox y triplica la distancia respecto al PSOE de Carlos Martínez.
- Vox, a acompañar: Al no alcanzar el umbral psicológico del 20% (se queda en el 18,9%), la formación de Abascal se ve obligada a adoptar un papel subordinado. Su función, según el análisis de los resultados, debe ser la de desbloquear investiduras y garantizar la gobernabilidad, no la de liderar el proyecto.
El éxito de la «estrategia Feijóo»
Alberto Núñez Feijóo sale reforzado de esta cita electoral. Su nueva hoja de ruta, que busca pasar de un escenario de «Vox contra el bipartidismo» a uno de «PP y Vox contra el sanchismo», parece haber dado sus primeros frutos.
- Convivencia programática: El PP ha sabido atraer a votantes de Vox asumiendo parte de su discurso en temas como inmigración, fiscalidad o políticas climáticas, pero desde una posición de gestión moderada.
- Castigo al bloqueo: Fuentes de Génova apuntan que el electorado ha castigado a Vox por los bloqueos de gobiernos de centro-derecha en regiones como Extremadura o Aragón. «Esa estrategia les ha hecho daño; los ciudadanos quieren certezas, no parálisis», señalan desde el entorno de Feijóo.
Un Vox mermado por cuitas internas y política exterior
El estancamiento de Vox —que hace apenas un mes rozaba el 25% en sondeos internos— se atribuye también a factores exógenos y crisis de partido:
- Tensiones internas: La salida de Ortega Smith y las críticas de antiguos referentes han erosionado su imagen de unidad.
- Factor Trump: El apoyo incondicional de Abascal a las acciones militares de Donald Trump en Irán, sin aval internacional, parece no haber calado bien en un electorado castellanoleonés que prioriza la estabilidad.
El futuro: pactos de cuatro años
Mañueco ya ha iniciado los contactos para formar Gobierno, pero con una línea roja innegociable: estabilidad para toda la legislatura. «Sólo habrá acuerdo con Vox si es para cuatro años y con cuatro Presupuestos», ha advertido el presidente en funciones. Tras el desplome definitivo de Ciudadanos, cuyos votos han ido a parar casi íntegramente al PP, Mañueco se siente dueño absoluto del centro-derecha, dejando a Vox con una única opción: pactar o quedar en la irrelevancia de la oposición.



















