La nave, que transporta a la primera tripulación lunar en más de medio siglo, afronta su fase definitiva con un amerizaje previsto en el océano Pacífico tras soportar temperaturas de 2.700 grados
La misión Artemis II, el histórico primer vuelo tripulado del programa lunar de la NASA en más de cincuenta años, encara ya su etapa más determinante: el regreso de la cápsula Orión a la Tierra. Tras completar con éxito su sobrevuelo por el entorno lunar, los astronautas han comenzado los preparativos de la cabina para afrontar una maniobra de reentrada que pondrá al límite la resistencia estructural del vehículo y los sistemas de seguridad de la tripulación.
Este descenso final no es solo la conclusión de una travesía de diez días, sino una prueba de fuego para las tecnologías que deberán sostener la presencia humana continuada en el espacio profundo. La precisión en la trayectoria y la integridad del escudo térmico son los pilares sobre los que se asienta el éxito de esta operación de alta complejidad técnica.
Fecha y hora del regreso
El calendario de la misión fija el regreso de la Orión para el próximo viernes 10 de abril de 2026. Según las previsiones de la NASA, la secuencia de reentrada comenzará a las 20:53 horas (hora local del este de Estados Unidos).
Aunque el viaje espacial se ha prolongado durante algo más de una semana, el reingreso concentra todo el riesgo en un intervalo de apenas quince minutos. En ese breve lapso, la cápsula pasará de desplazarse a velocidades orbitales a quedar suspendida bajo sus paracaídas sobre las aguas del océano Pacífico, frente a la costa de San Diego.
Un desafío térmico a 40.000 kilómetros por hora
El procedimiento de descenso someterá a la nave a condiciones extremas. La cápsula Orión impactará contra las capas superiores de la atmósfera a una velocidad cercana a los 40.000 kilómetros por hora. Esta velocidad, combinada con la fricción del aire, elevará la temperatura exterior de la estructura hasta superar los 2.700 °C.
Para proteger a los astronautas, la nave cuenta con un escudo térmico de última generación diseñado para disipar la energía calórica mediante un proceso de desgaste controlado. A diferencia de misiones experimentales anteriores, la NASA ha implementado en esta ocasión una entrada más directa y pronunciada. Esta estrategia sustituye a la maniobra de «skip entry» o rebote atmosférico con el fin de minimizar el tiempo de exposición a las condiciones térmicas más severas y reforzar la seguridad de los tripulantes.
Este cambio táctico responde a los análisis realizados tras la misión Artemis I, donde los ingenieros detectaron grietas y desgastes inesperados en el material del escudo térmico, lo que obligó a realizar ajustes en el protocolo de vuelo para esta misión tripulada.
Recuperación de la tripulación
Una vez completada la fase de frenado aerodinámico, la cápsula desplegará una serie de paracaídas para suavizar el impacto contra la superficie marina. En la zona de amerizaje espera ya un dispositivo especial de la Marina estadounidense, encargado de asegurar la cápsula y proceder a la evacuación inmediata de los astronautas.
Tras el rescate, los tripulantes serán trasladados a un buque hospital para someterse a las revisiones médicas pertinentes. El éxito de esta maniobra final validará de forma definitiva los sistemas de la Orión, despejando el camino para las futuras fases del programa Artemis que aspiran a consolidar el regreso del hombre a la superficie de la Luna.




















