El actor Fernando Tejero ha participado como invitado en la nueva entrega del formato televisivo ‘100% Únicos’, un espacio conducido por Daniel Guzmán en el que un grupo de 30 reporteros con trastorno del espectro autista (TEA) conversa con destacadas personalidades. Durante su intervención en el programa, el intérprete andaluz ha repasado su trayectoria profesional y se ha abierto de manera explícita para detallar pasajes de su ámbito más íntimo. Entre los asuntos abordados, el protagonista de ficciones como ‘La que se avecina’ ha analizado las dificultades derivadas de una infancia alejada de sus progenitores, las secuelas psicológicas provocadas por un sentimiento de abandono, el acoso escolar que padeció en su juventud y el complejo proceso que experimentó hasta lograr aceptar su propia homosexualidad frente a los condicionantes sociales.
La presencia de Fernando Tejero en el programa televisivo ha propiciado un desglose pormenorizado de las vivencias que han marcado su evolución personal. El artista comenzó su comparecencia ante el equipo de comunicadores definiéndose a sí mismo en una vertiente introspectiva: «Fernando Tejero es un superviviente que sigue intentando aprender de mí mismo», aseveró en los instantes iniciales de un diálogo caracterizado por la naturalidad y la ausencia de reservas a la hora de abordar temáticas complejas.
Las consecuencias psicológicas de su crianza con su tía abuela
La primera cuestión planteada por el equipo de reporteros con trastorno del espectro autista incidió de forma directa en su plano familiar e histórico, interrumpiendo en cómo le había afectado a su vida el hecho de haber crecido bajo la tutela de su tía abuela y sin la convivencia diaria con sus padres. Ante este planteamiento, el actor cordobés expuso la realidad de su estructura familiar sin intención de reproche. «Yo cuando cuento esto no lo hago culpabilizando a mis padres. Yo a mis padres los quiero muchísimo y tengo una relación maravillosa con ellos. Mi madre es una luchadora nata, la adoro», precisó de entrada para delimitar el contexto afectivo actual.
El origen de esta separación temporal se produjo cuando Tejero contaba con apenas nueve meses de edad. En aquel momento, una intervención médica a la que debió someterse su madre motivó que fuera trasladado a la residencia de su tía abuela. Lo que inicialmente se planteó como una estancia de carácter estrictamente temporal se fue prolongando de manera ininterrumpida en el tiempo hasta que el joven cumplió los 14 años de edad. Aunque el protagonista de la gran pantalla califica ese periodo como una infancia muy bonita, reconoce abiertamente la existencia de un impacto en su salud mental: «Psicológicamente sufro un abandono».
El punto de inflexión en esta dinámica familiar aconteció al cumplir los 14 años, momento en el que su tía abuela enfermó de cáncer. Esta circunstancia forzó el regreso del adolescente al hogar de sus progenitores y hermanos, un traslado que describe en términos muy específicos. «Para mí fue un trauma. La relación con mis padres fue difícil para mí al principio. Me volví una persona poco comunicativa y un niño muy tímido», detalló el intérprete respecto a la fase de readaptación a su núcleo biológico.
El proceso de aceptación de la homosexualidad y la experiencia del ‘bullying’
Otro de los bloques temáticos de mayor relevancia durante la emisión de ‘100% Únicos’ se centró en la orientación sexual del invitado y en los obstáculos culturales que condicionaron su juventud. Fernando Tejero reveló la disonancia interna que experimentó en sus primeros años debido a la presión del entorno. «Tuve un par de novias porque yo no aceptaba mi homosexualidad por miedo a la sociedad. Yo quería casarme con una mujer y tener una familia. Tuve un par de novias engañadas, al igual que yo», confesó el actor de ‘La que se avecina’, aclarando no obstante que tuvo plena constancia de su realidad desde la niñez: «Supe que era gay desde muy pequeñito. Me enamoré de mi mejor amigo de la infancia».
Esta falta de aceptación inicial y el ocultamiento de su condición estuvieron estrechamente vinculados a las situaciones de hostigamiento y acoso verbal que experimentó en su entorno social y educativo durante aquella época. «Sufrí bullying porque tenía mucha pluma y me llamaban maricón y marica», relató con severidad el intérprete, poniendo el foco en el aislamiento en el que se encontraban las víctimas de estas conductas en periodos anteriores.
Según especificó Fernando Tejero, la ausencia de denuncias o de peticiones de soporte se debía a la percepción colectiva de dichos ataques en la sociedad de aquel tiempo: «En esa época no pedía ayuda porque era algo normalizado». Para intentar mitigar las agresiones y el señalamiento de sus compañeros, el joven optó por modificar sus ademanes y su expresión oral, una decisión que le acabó acarreando secuelas físicas permanentes. «Cambié mi forma de hablar para que no se notara la pluma. Forcé la voz tanto que tengo las cuerdas vocales forzadas», concluyó el actor para cerrar su balance sobre las dificultades de crecer sintiéndose diferente.















