BARCELONA. (10 de junio de 2026) — En un encuentro de profunda cercanía con asociaciones caritativas y personas asistidas, el papa León XIV ha visitado este miércoles la Iglesia de San Agustín, ubicada en el barrio barcelonés de El Raval. Durante la cita, el pontífice ha protagonizado un tierno y distendido momento al someterse al «interrogatorio» de Renzo, un niño latinoamericano de 6 años que, con ayuda de sus amigos y su abuela, le ha planteado diversas preguntas personales.
A las puertas de la celebración de la Copa del Mundo, el deporte ha ocupado un lugar destacado en las reflexiones del papa. «El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos», ha afirmado el obispo de Roma. En este sentido, ha subrayado el valor del compañerismo con una metáfora futbolística: «Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida».
Sus vivencias deportivas y el Mundial de España 82
León XIV ha compartido detalles de su propia biografía y su relación con la actividad física, señalando que «un poco de deporte hace bien para todos» porque ayuda a mantener el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el alma. El pontífice ha revelado que habitualmente practica tenis y que, en su juventud, jugó al fútbol americano, una disciplina que ha calificado como «un poco más violenta».
Asimismo, ha recordado con simpatía su etapa en Trujillo (Perú), donde jugaba al balompié junto a los seminaristas. «De defensa, si lo quieren saber; no era un gran goleador», ha aclarado con humor. Además, ha rememorado que su primera experiencia como seguidor de una cita mundialista fue precisamente en España, durante el Mundial de 1982.
A la pregunta de Renzo sobre si de pequeño albergaba la aspiración de convertirse en la máxima autoridad de la Iglesia católica, el pontífice ha respondido con total franqueza: «Bueno, Renzo, ni cuando joven, ni cuando viejo. Nunca lo pensé».
Un llamamiento contra la soledad de los mayores y el valor del perdón
Más allá de las anécdotas deportivas, el encuentro ha servido para que el papa aborde cuestiones de hondo calado social y espiritual. Tras recordar que en una visita realizada en 1984 encontró la parroquia de San Agustín cerrada, ha celebrado que hoy en día este templo se haya transformado en un verdadero ejemplo de «acogida e integración» en el corazón de Barcelona.
Aprovechando la mención a la abuela del menor, León XIV ha hecho una firme defensa de la tercera edad dentro de las estructuras familiares. Ha pedido de forma expresa que «nunca se queden solos» y ha exhortado a la sociedad a no normalizar el abandono de los ancianos:
«No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos».
Finalmente, al ser interpelado por el pequeño sobre la complejidad de perdonar, el Santo Padre ha ofrecido una lección de paz interior, aclarando que el perdón no equivale a justificar las malas acciones ni a permitir que sigan dañando a otros. «Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón», ha concluido el pontífice.












