El Pontífice protagoniza un emotivo encuentro con migrantes y voluntarios en el puerto grancanario, símbolo de la crisis humanitaria de 2020, con el objetivo de dignificar la acogida en la frontera sur de Europa.
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. – El papa León XIV ha marcado un hito histórico este jueves en su viaje apostólico a España al trasladarse a las Islas Canarias para poner el foco en el drama humano de la ruta atlántica. El epicentro del día ha sido su visita al muelle de Arguineguín, un espacio que quedó grabado en la memoria colectiva como el “muelle de la vergüenza” debido al hacinamiento de cerca de 3.000 personas a la intemperie durante la crisis migratoria de hace seis años. Con este acto, la Iglesia busca revertir el estigma y transformar las instalaciones en un «puerto de la esperanza».
Acompañado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y varios miembros de su gabinete —entre ellos el ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, y la ministra de Migraciones, Elma Saiz—, el Pontífice ha defendido firmemente la dignidad de las personas que se ven obligadas a huir de sus países de origen. Aquel campamento improvisado en 2020 fue, en palabras de los organizadores y colectivos sociales que resuenan en esta visita, «un ejemplo de cómo no hacer las cosas» en materia de derechos humanos y gestión migratoria.
Testimonios del dolor y el esfuerzo
Durante el emotivo encuentro, coordinado por Cáritas Diocesana de Canarias, varios supervivientes que arriesgaron sus vidas a bordo de pateras y cayucos relataron en primera persona el sufrimiento del viaje marítimo. Asimismo, voluntarios de organizaciones humanitarias, miembros de la Cruz Roja y el personal de Salvamento Marítimo —a quienes el obispo de la diócesis define afectuosamente como los “Ángeles del Océano”— compartieron sus testimonios sobre el esfuerzo diario por salvar vidas en el mar.
En su alocución, que se extendió por unos diez minutos, León XIV enfatizó la urgencia de no desviar la mirada ante la vulnerabilidad de quienes sufren. El mensaje papal sigue la línea de la advertencia que ya lanzó en jornadas previas en Barcelona: «No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria». El Obispo de Roma insistió en que las fronteras no deben ser espacios de deshumanización, sino lugares donde prevalezca la solidaridad internacional.
Homenaje a las víctimas del Atlántico
El momento más solemne de la jornada tuvo lugar cuando el Papa, junto a un grupo de migrantes, arrojó una corona de flores a las aguas del Atlántico. Este gesto simbólico rindió tributo a las miles de personas que han perdido la vida intentando alcanzar las costas europeas en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.
Con este viaje apostólico a Canarias —el cual continuará el viernes en Tenerife con visitas a centros de acogida y una misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife—, León XIV materializa el compromiso social de la Santa Sede con las periferias geográficas y existenciales, completando una agenda que sitúa la dignidad migratoria en el centro del debate político y religioso europeo.















