Teherán advierte que el respeto a la bandera y a «lo sagrado» es innegociable, mientras el movimiento estudiantil radicaliza sus consignas tras años de crisis económica y represión.
En medio de una nueva oleada de indignación que recorre los campus del país, el Gobierno de Irán ha lanzado una advertencia directa a los estudiantes: el derecho a la protesta termina donde empiezan los símbolos del Estado. La portavoz del Ejecutivo, Fatemeh Mohajerani, calificó este martes la quema de banderas de la República Islámica como el cruce de una «línea roja» inadmisible.
«El estudiante es un elemento activo y joven que tiene derecho a protestar, pero todos debemos respetar las líneas rojas», declaró Mohajerani, en alusión a los incidentes registrados durante la tercera jornada consecutiva de movilizaciones en las principales universidades de Teherán y otras tres urbes.
Un cambio simbólico en la protesta
Lo que ha encendido las alarmas del régimen es el uso de una táctica tradicionalmente empleada por el propio Estado: la quema de banderas. Si durante décadas las movilizaciones oficiales quemaban enseñas de Estados Unidos e Israel, ahora los jóvenes han vuelto ese fuego contra los símbolos de la República Islámica, acompañándolo de consignas que piden el fin del sistema teocrático:
- Clamor en las aulas: Gritos de «Muerte a Jameneí» y «Recuperaremos Irán» resuenan en los campus.
- Nacionalismo frente a política exterior: El lema «Ni Gaza ni Líbano, mi vida por Irán» refleja el hartazgo de un sector de la población por el gasto en conflictos regionales mientras la moneda local, el rial, se desploma.
- Choques internos: Milicianos islámicos (basijis) han organizado contraprotestas en las universidades, derivando en enfrentamientos directos con los estudiantes.















