María Caamaño Múñez, la niña salmantina que conmovió a España con su valentía y su eterna sonrisa, ha fallecido este jueves a los 13 años. Tras seis años de incansable batalla contra un sarcoma de Ewing, su familia ha comunicado el triste desenlace a través de sus redes sociales, destacando que luchó «hasta el último segundo».
Un símbolo de superación y solidaridad
María se convirtió en una figura pública no solo por su enfermedad, sino por su arrolladora personalidad y su pasión por el fútbol. Uno de sus momentos más recordados fue durante la celebración de la última Eurocopa, cuando subió al escenario en Cibeles junto a los jugadores de la Selección Española, ganándose el apodo de la «Princesa Futbolera Guerrera».
Más allá del deporte, su legado queda sellado a través de su labor social:
- Premio Castilla y León 2024: Recibió este galardón en la categoría de Valores Humanos y Sociales por su «bondad, fortaleza y empatía».
- La Sonrisa de María: Su asociación homónima se convirtió en un pilar para recaudar fondos destinados a la investigación oncológica y para apoyar a familias en situaciones similares.
- Concienciación: Su caso puso el foco sobre el sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer catalogado como enfermedad rara que afecta principalmente a niños y jóvenes.
El mensaje de su familia y la sociedad
A través de Instagram, su familia compartió un emotivo mensaje confirmando que «M4RIA ya está descansando» tras un empeoramiento de su estado de salud en los últimos días. María se encontraba recibiendo un tratamiento experimental en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, agotando todas las opciones posibles para avanzar en la cura de esta enfermedad.
Las reacciones no se han hecho esperar. El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, ha expresado su dolor públicamente:
«El cielo tiene ahora la sonrisa más bonita. María, ejemplo de superación, valentía y fuerza a pesar de su corta edad, nos ha dejado y no existen palabras para expresar tanta tristeza.»
La importancia de la investigación
Su padre, Juan Caamaño, siempre subrayó que la lucha de María era también una lucha política y científica. En sus intervenciones, recordaba que ante una enfermedad sin investigar, las familias solo tienen dos caminos: «esperar o intentar luchar para que se avance». María eligió la segunda opción, convirtiéndose en el rostro de miles de niños que reclaman más recursos para la ciencia.
Hoy, Salamanca y el mundo del deporte despiden a una guerrera cuya sonrisa seguirá impulsando la búsqueda de una cura para el cáncer infantil.




















