La selección de Luis de la Fuente reacciona con contundencia (4-0) tras las críticas del debut, liderada por un estelar Lamine Yamal y el acierto de Oyarzabal.
La selección española ha respondido con un golpe de autoridad sobre la mesa. Tras el inesperado tropiezo y las dudas generadas en el debut mundialista ante Cabo Verde, el combinado de Luis de la Fuente pasó de las palabras a los hechos en Atlanta, firmando una contundente victoria por 4-0 ante Arabia Saudí. Una goleada balsámica que sirve para espantar los fantasmas y encarrilar el rumbo en la cita de 2026.
«El equipo está escocido y, a veces, la crítica motiva mucho más. Los futbolistas están muy picados», advertía De la Fuente en la víspera del encuentro. El mensaje caló hondo en un vestuario que decidió cerrar filas y rebelarse contra el «ruido de fondo».
Revolución en el once y velocidad de crucero
Futbolísticamente, la consigna del seleccionador era innegociable: «Hay que darle velocidad al juego». Para lograrlo, De la Fuente agitó el árbol e introdujo cuatro cambios clave en la alineación titular: Pedro Porro por Llorente, Fabián por Olmo, Álex Baena por Gavi y la entrada de Lamine Yamal por Ferran Torres.
El plan funcionó a la perfección. La fluidez ofensiva que faltó en el primer partido brotó desde los primeros compases. El mayor beneficiado de este nuevo ritmo fue Mikel Oyarzabal. Si ante Cabo Verde el delantero de la Real Sociedad no tocó un solo balón en la primera media hora, ante el conjunto saudí ya acumulaba dos goles y una asistencia en ese mismo tramo de partido.
«El otro día me tocó estar menos presente y hoy he tenido la oportunidad de ayudar más. Al final es una anécdota, yo no le doy importancia. Estoy feliz por hacer gol y ayudar al equipo», declaró con humildad Oyarzabal tras el choque.
La fuerza del grupo en la adversidad
La conjura de la reactivación española comenzó en el mismo instante en que terminó el partido ante Cabo Verde. Lejos de desestabilizarse, los pesos pesados pidieron calma de puertas hacia fuera, mientras que de puertas para dentro se exigió autocrítica.
«En los momentos fáciles es muy fácil hablar de familia; en los difíciles es cuando esa familia sale a relucir», reivindicó Mikel Merino, reflejando la unión del grupo. En la misma línea se mostró Dani Olmo al analizar la presión exterior: «Siempre que no se gana va a haber ruido de fondo, pero estamos enfocados en lo nuestro. Hoy hemos demostrado que somos un grupo muy fuerte».
Lamine Yamal y Baena agitan el árbol
La gran atracción de la noche fue Lamine Yamal, quien estrenó su casillero goleador en una Copa del Mundo liderando la ofensiva de la Roja. Su desborde y verticalidad fueron un martirio constante para la zaga árabe. «Empatar un partido que sabes que tienes que ganar, te pica. El primer partido no fuimos nosotros, pero ya hemos llegado y vamos a por más», aseguró el joven extremo tras su exhibición.
La otra gran novedad, Álex Baena, cuajó un partido notable en la medular y se mostró entusiasmado por su sintonía con el ataque: «Ha sido una pequeña sorpresa ser titular, pero estaba preparado. Formar tridente con Lamine es espectacular, y con Mikel, que es el mejor delantero de España».
Sin embargo, el jugador del Atlético de Madrid no se mordió la lengua a la hora de valorar la presión mediática de los últimos días: «Al final sois vosotros (la prensa) los que generáis polémica o sacáis las cosas de contexto. Nosotros, desde el primer día, estamos muy tranquilos».
Con las aguas ya calmadas y las sensaciones recuperadas, España demuestra que sabe encajar los golpes y que la revolución de los «escocidos» ya está en marcha.















