Uno de los mayores desafíos para los atletas y aficionados al fitness durante el mes de Ramadán es cómo mantener la rutina de ejercicios sin comprometer la salud ni el rendimiento. La clave no está en dejar de moverse, sino en adaptar la intensidad y, sobre todo, elegir el momento estratégico para entrenar según el ciclo de comidas y descanso.
La gestión del esfuerzo es vital para evitar la deshidratación y la pérdida de masa muscular. Aquí analizamos las mejores franjas horarias para el entrenamiento.
¿Cuándo entrenar? Los momentos clave
La pregunta más frecuente es si es mejor hacer ejercicio con el estómago vacío o después de haber roto el ayuno. Ambas opciones tienen ventajas y riesgos:
Opción A: Antes del Iftar (Fase de quema de grasa)
Entrenar entre 60 y 90 minutos antes de romper el ayuno es una opción popular, pero exige precaución.
- Ventajas: Terminas justo a tiempo para reponer nutrientes e hidratarte de inmediato. Es ideal para quienes buscan mantener el peso.
- Riesgos: Los niveles de glucógeno están al mínimo, lo que puede provocar mareos o fatiga.
- Recomendación: Solo entrenamientos de intensidad baja o moderada (caminar rápido, yoga, estiramientos o pesas con poco volumen). Nunca realices cardio de alta intensidad en este momento.
Opción B: Después del Tarawih (Fase de máximo rendimiento)
Entrenar tarde por la noche, una vez que la comida del Iftar se ha digerido y se han realizado las oraciones nocturnas, es la opción preferida por atletas profesionales.
- Ventajas: El cuerpo está hidratado y tiene combustible disponible. Es el momento perfecto para entrenamientos de alta intensidad, HIIT o levantamiento de pesas pesado.
- Riesgos: Puede interferir con las horas de sueño, algo crítico durante el Ramadán.
- Recomendación: Realizar el entrenamiento entre las 11:00 PM y la 1:00 AM. Asegúrate de dejar al menos una hora de relajación antes de intentar dormir.
Opción C: Entre el Iftar y el Tarawih
Una sesión corta de 30-45 minutos justo después de una ruptura de ayuno muy ligera (agua y dátiles).
- Ventajas: Tienes algo de energía rápida.
- Riesgos: Si la comida fue pesada, la sangre estará en el sistema digestivo y no en los músculos, lo que puede causar calambres y náuseas.
Ajuste de intensidad y volumen
El Ramadán no es el mes para intentar batir récords personales (PR) o prepararse para una maratón. El objetivo debe ser el mantenimiento.
- Reducción del volumen: Si solías entrenar 6 días a la semana, considera bajar a 3 o 4.
- Menos repeticiones: Mantén el peso si quieres conservar músculo, pero reduce el número de series y repeticiones para no agotar el sistema nervioso central.
- Escucha a tu cuerpo: Si sientes mareos, visión borrosa o debilidad extrema, detén la actividad de inmediato. El ayuno no debe ponerse en riesgo por el ejercicio.
Nutrición y recuperación post-entreno
Si entrenas durante las horas nocturnas, la ventana de recuperación es corta.
- Proteína y Carbohidratos: Asegúrate de consumir una combinación de ambos tras el entrenamiento para reparar las fibras musculares y recargar el glucógeno para el día siguiente.
- Suplementación: Si tomas creatina o aminoácidos, el mejor momento es durante las horas permitidas de ingesta de agua para asegurar su absorción.
- El sueño es entrenamiento: La falta de descanso es el mayor enemigo del deportista en Ramadán. Intenta recuperar horas de sueño con siestas cortas durante la tarde si es posible.
Este artículo ofrece recomendaciones generales para personas sanas. Si tienes problemas cardíacos, presión arterial baja o diabetes, debes consultar con un especialista antes de realizar ejercicio intenso durante el ayuno. Nunca fuerces tu capacidad física en condiciones de deshidratación extrema.



















