La iniciativa de limitar el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años representa tanto «un reto como una oportunidad» para mejorar los mecanismos de control digital y aumentar la responsabilidad de las propias plataformas, aunque está condenada al fracaso si se reduce únicamente a una prohibición sin medidas educativas complementarias.
Así lo ha señalado este martes a EFE un experto en educación digital, quien ha subrayado que cualquier regulación eficaz debe implicar activamente a las empresas tecnológicas, a las familias y al sistema educativo. «Prohibir sin educar no funciona», ha advertido, al tiempo que ha defendido la necesidad de fomentar el pensamiento crítico y el uso responsable de las redes desde edades tempranas.
El especialista ha incidido en que las plataformas tienen un papel clave en la protección de los menores, no solo mediante sistemas de verificación de edad más rigurosos, sino también a través de algoritmos más transparentes y contenidos adaptados. En este sentido, considera que la propuesta abre la puerta a exigir mayores compromisos a las compañías digitales.
La presencia constante de influencers y contenidos virales en redes como TikTok, Instagram o YouTube influye de forma directa en el desarrollo emocional y social de los adolescentes, por lo que, según el experto, resulta imprescindible combinar regulación, educación y corresponsabilidad para lograr un impacto real.




















