La premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi ha reclamado una respuesta firme de la comunidad internacional ante la represión de las protestas en Irán, que califica como una “guerra abierta entre el régimen y la población”. Desde Londres, la abogada iraní ha pedido ayuda extranjera para frenar la violencia, pero ha subrayado que no se trata de enviar soldados sobre el terreno, sino de impedir que el Gobierno continúe matando a sus propios ciudadanos.
En una entrevista concedida a Corriere della Sera, Ebadi denunció la magnitud de la represión desatada tras más de dos semanas de movilizaciones antigubernamentales. Según explicó, el bloqueo casi total de internet desde hace días responde al miedo del régimen a que salgan al exterior imágenes y vídeos de lo que describió como actos “monstruosos”. Aun así, parte de la información logra filtrarse gracias a conexiones vía satélite como Starlink.
La activista aseguró que el número de víctimas es muy elevado, aunque difícil de verificar. Algunas estimaciones hablan de decenas de miles de muertos. Ebadi afirmó que solo en una noche, en dos hospitales de Teherán, se realizaron cientos de intervenciones quirúrgicas para extraer globos oculares a manifestantes heridos, un dato que ilustra, según ella, la brutalidad de la represión.
Ebadi defendió que Estados Unidos y otros países occidentales disponen de alternativas a la intervención militar directa. Entre ellas, mencionó acciones selectivas contra la cúpula del régimen y sus estructuras de poder, así como ataques a los órganos de propaganda oficial, como la televisión estatal, para frenar lo que considera una maquinaria permanente de desinformación.
En el plano diplomático, la Nobel reclamó que los gobiernos occidentales declaren ilegítimo al Ejecutivo iraní, retiren a sus embajadores de Teherán y expulsen a los representantes diplomáticos iraníes acreditados en sus países, reduciendo al mínimo las relaciones oficiales.
Sobre el liderazgo de las protestas, Ebadi rechazó la idea de que el movimiento carezca de referentes. Señaló que en las calles se escucha cada vez más el nombre de Reza Pahlavi, hijo del último sha, aunque precisó que esto no implica necesariamente un deseo de restaurar la monarquía. A su juicio, muchos manifestantes ven en él una figura de transición que permitiría convocar elecciones libres tras la caída del régimen.
La activista expresó su convicción de que el objetivo final debe ser la desaparición de la República Islámica como sistema ideológico y la redacción de una nueva Constitución. En ese contexto, defendió la celebración de un referéndum para que sea el propio pueblo iraní quien decida su futuro político.
Ebadi comparó el momento actual con la Revolución de 1979 y subrayó una diferencia clave: mientras aquella supuso, en su opinión, “un suicidio colectivo”, las protestas actuales representan “un renacimiento”. También destacó el papel central de las mujeres, que siguen participando activamente en las manifestaciones junto a los hombres, pese al riesgo de sufrir una represión letal.
Pese a la gravedad de la situación, la premio Nobel afirmó mantener la esperanza. “Siento una enorme fuerza en las calles”, concluyó, “pero mi pueblo no puede quedarse solo”.


















