El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha aprovechado su mensaje de fin de año para lanzar una dura crítica al panorama político español y presentarse como la principal alternativa al modelo que, a su juicio, ha dominado la vida pública durante décadas. En su discurso, el líder de la formación ha asegurado que España atraviesa una etapa de “degradación acelerada” consecuencia directa de lo que denomina el “bipartidismo del consenso”.
Abascal ha sostenido que tanto el Gobierno como los grandes partidos han contribuido a un deterioro institucional y moral, acusándolos de compartir políticas que han llevado, según él, a la ruina económica, al auge del separatismo y a la imposición de una agenda globalista. En este contexto, ha defendido que Vox representa una oposición real frente a un sistema político “agotado” y ha reclamado una transformación profunda del país.
El dirigente ha cargado con especial dureza contra el Ejecutivo, al que ha acusado de contaminar las instituciones y perjudicar directamente a los ciudadanos. No obstante, sus críticas también han alcanzado al Partido Popular, al que reprocha haber participado históricamente en acuerdos con el PSOE. Aunque no mencionó expresamente a Alberto Núñez Feijóo, Abascal sí mostró su decepción con los gobiernos autonómicos del PP que han contado con el apoyo de Vox, asegurando que no se han llevado a cabo las reformas prometidas.
En referencia a la ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos en 2024, Abascal justificó la salida de Vox de los ejecutivos y reafirmó su estrategia de mantenerse en la oposición, una posición que vuelve a cobrar relevancia ante el nuevo ciclo electoral ya iniciado en comunidades como Extremadura.
Durante su intervención, el presidente de Vox defendió la necesidad de una “reforma profunda”, basada en la desregulación económica, la recuperación de libertades y la apertura de un debate político sin restricciones. También destacó el crecimiento de partidos afines en otros países, subrayando que varias naciones han comenzado a tomar un rumbo distinto al de las políticas tradicionales.
En un tono más moderado de lo habitual, Abascal apeló a recuperar el sentido común y un debate político “serio y profundo”, asegurando que solo desde la honradez y la decencia pueden alcanzarse acuerdos beneficiosos. Sin embargo, su llamamiento a la unidad estuvo dirigido exclusivamente a quienes, según afirmó, desean que España permanezca fiel a su identidad.
El líder de Vox cerró su discurso insistiendo en uno de los ejes centrales de su mensaje político: la inmigración. Alertó de lo que calificó como una “invasión migratoria” que, a su juicio, amenaza la seguridad, los servicios públicos y la identidad nacional, y volvió a vincular este fenómeno con el avance del islamismo, una afirmación que le ha valido críticas por parte del resto de fuerzas políticas.
Abascal concluyó reivindicando la historia y la identidad de España, asegurando que no permitirá que se diluyan ni se borren los valores que, según él, han definido al país a lo largo de los siglos.


















