El ayuno prolongado, práctica central del mes de Ramadán, ha sido objeto de numerosos estudios científicos en los últimos años. Lo que tradicionalmente se ha visto como una disciplina puramente espiritual, la ciencia moderna lo identifica ahora como un potente mecanismo de regeneración celular.
El concepto clave es la autofagia, un proceso biológico que actúa como un sistema de «reciclaje» interno y que se activa precisamente cuando el cuerpo deja de recibir alimentos durante periodos prolongados.
¿Qué es la autofagia? El sistema de reciclaje celular
El término autofagia proviene del griego y significa «comerse a sí mismo». Aunque pueda sonar alarmante, es un proceso esencial para la supervivencia y la salud. Fue el científico Yoshinori Ohsumi quien, en 2016, recibió el Premio Nobel de Medicina por descubrir los mecanismos de este fenómeno.
- Cómo funciona: Cuando el cuerpo entra en estado de ayuno (generalmente tras 12-16 horas sin ingerir calorías), los niveles de insulina bajan y las células dejan de centrarse en el crecimiento para pasar al modo de mantenimiento.
- La limpieza: Las células identifican componentes dañados, proteínas mal plegadas o estructuras viejas y las descomponen para obtener energía o crear nuevas piezas celulares sanas. Es, literalmente, una limpieza de los «desechos» que acumulamos en el día a día.
Cronología del cuerpo durante el ayuno de Ramadán
Durante el mes sagrado, el cuerpo atraviesa distintas fases metabólicas que van más allá del hambre:
Las primeras 8 horas: Consumo de glucosa
El cuerpo utiliza la energía de la última comida (Suhur). Una vez que la glucosa en sangre disminuye, el hígado comienza a liberar glucógeno (energía almacenada) para mantener los niveles estables.
De 8 a 12 horas: El cambio metabólico
Cuando las reservas de glucógeno se agotan, el cuerpo busca una nueva fuente de combustible: la grasa corporal. Aquí comienza la quema de lípidos, lo que puede ayudar a mejorar el perfil de colesterol y reducir la grasa visceral.
De 12 horas en adelante: El pico de regeneración
Es en esta etapa, que coincide con las últimas horas de ayuno del día, cuando la autofagia alcanza su mayor intensidad. El cuerpo, al no tener que dedicar energía a la digestión, redirige todos sus recursos a:
- Reparar el ADN dañado.
- Eliminar toxinas acumuladas.
- Reducir la inflamación sistémica, que es la base de enfermedades como la artritis o problemas cardiovasculares.
Beneficios de la «limpieza» metabólica
La ciencia ha demostrado que este periodo de descanso digestivo anual aporta beneficios a largo plazo:
- Mejora de la sensibilidad a la insulina: El ayuno ayuda a que las células respondan mejor a la insulina, reduciendo el riesgo de diabetes tipo 2.
- Claridad mental: Durante el ayuno, el cuerpo produce una proteína llamada BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), que actúa como «fertilizante» para las neuronas, mejorando el enfoque y la memoria.
- Refuerzo inmunológico: Al eliminar células inmunitarias viejas o dañadas, el cuerpo se ve forzado a generar nuevas células más eficientes para defendernos de virus y bacterias.
Claves para no anular estos beneficios
Para que la regeneración celular ocurra de manera efectiva durante el Ramadán, es crucial lo que sucede al llegar el Iftar:
- Evitar el exceso de azúcar: Un atracón de dulces procesados al romper el ayuno eleva la insulina de forma tan violenta que interrumpe bruscamente los procesos de reparación celular.
- Reposo digestivo nocturno: Intentar no picotear constantemente durante toda la noche. Dejar espacio entre la cena y el Suhur permite que los beneficios metabólicos se prolonguen.
Este artículo tiene carácter divulgativo sobre fisiología y nutrición. El ayuno debe realizarse siempre bajo condiciones de salud óptimas. Si padece alguna enfermedad crónica o se encuentra bajo tratamiento médico, consulte con su facultativo antes de iniciar el ayuno de Ramadán para asegurar que estos procesos metabólicos ocurran de forma segura




















