Lo que comenzó en 2021 como la gran bandera legislativa de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha alcanzado este mes de enero de 2026 su cumplimiento efectivo. Tras años de resistencia judicial y operativa, Uber Eats ha sido la última gran plataforma en ceder, anunciando el fin de su modelo de repartidores autónomos.
Sin embargo, el balance de estos cinco años de aplicación de la Ley Rider es objeto de un intenso debate. Mientras el Gobierno celebra la «conquista de derechos», los datos del sector y las asociaciones de repartidores dibujan un escenario de pérdida de empleo y precarización bajo el modelo asalariado.
El fin del modelo autónomo: Un camino de cinco años
La travesía de la norma ha estado marcada por la salida de empresas y constantes cambios de modelo:
• Hitos judiciales: La sentencia del Supremo de 2020 fijó el camino, pero la entrada en vigor de la ley en 2021 provocó la salida inmediata de Deliveroo. Posteriormente, plataformas de entrega rápida como Getir o Gorillas también abandonaron el mercado español.
• El pulso de las plataformas: Glovo mantuvo el modelo autónomo para el 80% de su flota hasta julio de 2025. Por su parte, Uber Eats intentó desafiar al Ministerio recuperando a los autónomos en 2022, un desafío que ha terminado este enero ante la amenaza de denuncias penales por parte de la Inspección de Trabajo.
• Cifras del Gobierno: Yolanda Díaz estima que este paso final permitirá «aflorar» a más de 50.000 trabajadores como asalariados, con un impacto económico de 100 millones de euros en procesos administrativos.
El coste de la laboralización: Empleo y salarios
A pesar del discurso oficial, informes como el del IZA Institute of Labor Economics señalan efectos secundarios críticos:
1. Destrucción de empleo: La tasa de desempleo en el sector ha pasado del 10% al 17% entre 2021 y 2024. El sector regulado (asalariado) solo ha sido capaz de absorber el 46% de los puestos de trabajo perdidos tras la desconexión de autónomos.
2. Pérdida de flexibilidad: Los repartidores denuncian que han pasado de gestionar sus propios horarios a estar sometidos a turnos rígidos de mañana, tarde o noche, trabajando bajo cualquier condición climática y sin posibilidad de rechazar pedidos.
3. Aumento de la precariedad: Gustavo Gaviria, presidente de Repartidores Unidos, afirma que muchos trabajadores ahora «pedalean el doble por el mismo dinero», enfrentándose a una mayor presión psicológica que ha derivado en un aumento de bajas por ansiedad.
Impacto en el consumidor y el sector
La aplicación estricta de la Ley Rider no solo afecta a los repartidores, sino a toda la cadena de valor:
• Precios: El servicio de reparto a domicilio se ha encarecido para el cliente final debido al aumento de los costes operativos.
• Hostelería: En municipios pequeños y medianos, la rentabilidad del delivery está en entredicho, lo que amenaza el volumen de negocio de los restaurantes que dependen de este canal.
En resumen, la Ley Rider ha conseguido eliminar la figura del falso autónomo en el sector del reparto, pero a cambio de un mercado laboral más rígido, con menos participantes y servicios más costosos.



















